El pinchazo periódico se apaga y nadie pregunta por qué
Un dato que circula en el debate, atribuido a una información publicada por
El Correo, sirve para medir el desplome. La campaña de dosis de recuerdo en el País Vasco avanzaba, según ese cálculo, a un ritmo de
7.000 citas por semana. A ese paso, hacer pasar por la cuarta dosis al 15% de la población de esa comunidad llevaría doce meses. Y no es un problema de agenda: es que, según los participantes en el hilo, ya no se presenta nadie.
La escena se repite, según los testimonios recogidos en el debate, en cualquier conversación de barra de bar. Quien se puso dos dosis lo cuenta medio en broma, medio en serio, como quien confiesa una compra impulsiva. «Menos mal que sólo me puse dos», resume uno de esos testimonios. El que se puso tres calla. El que se puso cuatro ha desaparecido del mapa social. La autoridad sanitaria, mientras tanto, ha dejado de convocar los refuerzos periódicos que hace dos inviernos se presentaban como cuestión de vida o muerte, y lo ha hecho
sin explicación pública que justifique el cambio de criterio, según se sostiene en el hilo.
La cuarta dosis que nunca llegó al 20%
El cálculo que manejan los participantes es sencillo. Si el ritmo semanal se mantiene en esas 7.000 citas, el objetivo de cubrir a la mayoría de la población con una dosis adicional se aleja hasta el absurdo. Los datos disponibles apuntan a que
no se alcanzará el 20% de cobertura con la cuarta dosis en el territorio que mejor estaba respondiendo a la campaña, según esa misma estimación.
Lo llamativo, según el hilo, no es el porcentaje. Lo llamativo es la reacción. No hay protesta organizada, no hay manifiestos, no hay asociaciones de afectados. Hay algo más difícil de gestionar para cualquier administración: desobediencia pasiva. La gente no discute, simplemente no va. El condicionamiento funciona por la vía del dolor: si el pinchazo se asoció a efectos adversos, el cuerpo aprende antes que la cabeza, sostienen algunos participantes.
¿Por qué ya nadie habla de las dosis de recuerdo?
Porque el relato se ha quedado sin combustible, según los participantes. Durante dos años, la comunicación oficial sostuvo que sin la dosis de refuerzo el riesgo sanitario era inasumible. Ahora esas mismas dosis han dejado de administrarse de forma masiva y nadie ha tenido que dar una rueda de prensa para explicar el giro, señalan. El silencio administrativo es, en sí mismo, la noticia.
Hay quien sostiene que el desgaste del discurso oficial es irreversible y que cualquier campaña futura chocará con la memoria reciente. En contra pesa el argumento contrario: la misma población que hoy no se pincha volvió a ponerse el bozal cuando se lo ordenaron, y lo dejó de llevar cuando dejaron de exigírselo. La obediencia no se ha roto, se ha vuelto intermitente.
El rebaño que sospecha del pastor pero no se rebela
La metáfora ganadera recorre toda la conversación. Las ovejas han obedecido, el perro ha mordido igualmente y el resultado es una confusión que no genera revuelta pero sí desafección. No hay masa crítica organizada, y probablemente no la habrá: la resistencia que se detecta es individual, silenciosa y difícil de medir en encuestas.
Ese es el problema real para quien diseña la política sanitaria, según los participantes. Una población que se rebela se puede señalar, aislar y vencer. Una población que simplemente deja de creer y de acudir no ofrece blanco. Y mientras tanto, la pregunta que flota en el ambiente es qué harán los gestores del relato cuando comprueben que el rebaño ya no responde a la llamada.
El efecto llamada que ya no funciona
La hipótesis que más circula es la del
golpe de efecto: un acontecimiento lo bastante grave como para reactivar la obediencia. La lista de candidatos que se barajan va de una mortalidad atribuida a una cepa nueva hasta un conflicto bélico de mayor alcance, pasando por una emergencia energética o climática que justifique medidas excepcionales. Ninguna de esas hipótesis cuenta con respaldo probatorio; son escenarios que la propia desconfianza genera.
Lo que sí se sostiene en el hilo es el patrón de los últimos años: primero se instaura la excepción, después se normaliza, y cuando el instrumento deja de ser útil se retira sin ceremonia. La pregunta no es si volverá a activarse, sino si encontrará la misma respuesta. Con los datos de participación en la mano, la respuesta parece un no rotundo, según los participantes.
Queda un detalle que descoloca a cualquiera que intente cuadrar las cuentas, según el hilo. El pinchazo periódico que era imprescindible en 2021 y 2022 ha dejado de serlo en silencio, sin estudio publicado, sin rueda de prensa y sin que ningún responsable haya tenido que explicar qué cambió. Si el criterio sanitario era correcto entonces, alguien debería explicar por qué ya no lo es. Si no lo era, alguien debería explicar por qué se mantuvo dos años.