China desborda a Alemania: el 'shock chino' que Berlín se negó a ver
Alemania, la locomotora industrial europea, ha visto cómo su emblemática industria del automóvil se tambalea ante la embestida china. Mientras Pekín acelera en el coche eléctrico, Berlín se enreda en burocracia verde y renuncia a la energía barata rusa. El resultado: un informe del Centre for European Reform, que ha llegado al escritorio del canciller Friedrich Merz, advierte de una amenaza existencial para millones de empleos.
Un plan de Pekín o un suicidio europeo
El economista jefe del CER, Sander Tordoir, habla de «shock chino». Pero el diagnóstico divide. Hay quien sostiene que China ha orquestado una estrategia de conquista industrial, aprovechando los errores ajenos. Otros señalan que la culpa es de Bruselas: la prohibición del motor de combustión, una burocracia asfixiante y el giro contra el gas ruso han desmantelado la competitividad alemana. «Los chinos no necesitan conspirar –se argumenta–; Europa se basta sola para destruirse».
El dato es tozudo: Alemania renunció a la energía que alimentaba su tejido fabril mientras China construía la mayor flota de vehículos eléctricos del mundo. Ahora, marcas como BYD copan mercados que antes eran coto de Volkswagen o BMW.
La paradoja de la agenda verde
La transición ecológica se ha vuelto en contra. Mientras los fabricantes alemanes se centraron en el motor térmico –donde eran imbatibles–, China se especializó en la «chatarra eléctrica» que hoy arrasa. «Si los chinos son culpables de algo, es de sobornar a políticos alemanes; los políticos alemanes, de dejarse sobornar», resume una corriente crítica.
El resultado: una industria que genera el 5% del PIB alemán, al borde del precipicio. Y la gran pregunta que nadie contesta del todo: ¿puede Alemania dar marcha atrás sin romper la UE verde?