Alemania se segarro en silencio: infraestructuras en ruinas y un déficit de 128.000 millones
La locomotora europea ya no frena, se descarrila. Los trenes de Deutsche Bahn se detienen por fallos crónicos; uno de cada tres puentes en la región industrial necesita reparaciones urgentes; Volkswagen anuncia el recorte de 100.000 puestos de trabajo, un sens de su plantilla. Y el gobierno de Friedrich Merz responde con reformas de pensiones e impuestos tan tibias que apenas maquillan la crisis.
Infraestructuras que se caen a pedazos
El deterioro no es nuevo, pero ahora es visible. Los trenes alemanes, antaño símbolo de puntualidad, registran retrat constantes por fallos en vías y señalización. Los puentes cierran por seguridad: el 30% de la red industrial está en estado crítico. Mientras, Volkswagen, el buque insignia industrial, planea despedir a 100.000 trabajadores. La cifra no es un ajuste: es el reconocimiento de que el modelo exportador alemán pierde fuelle frente a China, que ya produce coches más baratos y con mejor tecnología.
El agujero de las pensiones: 128.000 millones que no llegan a mantenimiento
El envejecimiento demográfico ha creado un déficit estructural en el sistema de pensiones: 128.000 millones de euros que deben salir de los presupuestos generales. Cada euro destinado a pagar jubilaciones es un euro que no se invierte en carreteras, digitalización o energía. El argumento de que la población no decrece sino que se jubila es certero: el problema no es que falten personas, sino que las que hay son mayores y demandan prestaciones. La inmi gración ha aliviado en parte la caída demográfica, pero ha generado tensiones en servicios públicos y vivienda, según varios análisis.
Adiós al gas ruso, hola a la decadencia
La energía barata que fluía desde Rusia era el combustible del milagro alemán. Tras el estallido de la guerra de Ucrania y la voladura del gasoducto Nord Stream —la justicia alemana apunta a Ucrania como responsable—, Berlín se quedó sin ese suministro. El encarecimiento energético ha golpeado a la industria química y automotriz, que trasladan producción a otras regiones. El PIB alemán en 2026 es inferior al de 2019 en términos reales, y Rusia, en plena guerra, ha superado a Alemania en producto interior bruto. La paradoja es brutal.
Resignación y reformas insuficientes
La sociedad alemana reacciona con una mezcla de fatalismo y pasividad. Las protestas no arden como cabría esperar: ni siquiera cuando se supo que el sabotaje del Nord Stream había sido obra de un aliado (Ucrania) se exigieron responsabilidades. El gobierno de Merz apuesta por reformas fiscales y de pensiones que, a juicio de los analistas, son insuficientes. Mientras, la burocracia ahoga la inversión y la competitividad se desploma. Alemania, que fue el país de la 'Vorsprung durch Technik', parece haberse quedado anclada en los años 90.
La pregunta que queda en el aire es cuánto tiempo podrá la UE sostenerse sin su motor. Si Alemania se enfría, el resto del continente —España incluida— lo notará. Los datos son tozudos: sin energía barata y con una población que envejece, la recuperación no está garantizada. O se toman medidas drásticas, o la decadencia silenciosa se convertirá en estruendosa.