El Ojo difunde que Scholz culpa a las sanciones del hundimiento alemán
¿Se puede hundir una economía por decisión propia y luego señalar al sancionado como culpable? El tuit de la cuenta
El Ojo atribuye al canciller Olaf Scholz haber dejado caer en sede parlamentaria que la economía alemana atraviesa uno de sus peores momentos de las últimas décadas y que la causa son las sanciones impuestas sobre la importación de energéticos rusos. La difusión de ese mensaje ha reabierto la herida que llevaba dos años supurando en la opinión pública: la mayor potencia industrial de Europa reconocería en voz alta lo que muchos llevaban advirtiendo desde el primer paquete de medidas.
Qué se atribuye a Scholz y por qué importa
El mensaje difundido es claro: la economía alemana está en uno de sus peores momentos de las últimas décadas y, según el canciller, es consecuencia de las sanciones que se impusieron sobre la importación de energéticos rusos. La frase tiene miga porque desplaza la responsabilidad desde quien decide la sanción hacia quien la recibe. Es la diferencia entre decir «me he disparado en el pie» y decir «me han disparado». El tuitero que difundió el clip lo tituló sin matices:
Alemania admite que su economía se está hundiendo por culpa de las sanciones contra Rusia.
A partir de ahí, el diagnóstico se parte en dos corrientes. Una sostiene que el daño es real y estructural: sin gas barato ruso, la industria alemana deja de ser competitiva y eso beneficia a los americanos, que venden su gas más caro y se quedan con la industria. Otra, más matizada, apunta a que el suministro ya está restablecido y a precios similares a los de antes de la guerra, y que el problema real es la política energética interna: impuestos absurdos, cierre nuclear y una burocracia que encarece cada kilovatio.
El Nord Stream, la nuclear y el relato que no cuadra
El punto más caliente es el gasoducto. Una parte del análisis sostiene que la OTAN destruyó el Nord Stream mientras el canciller miraba para otro lado, y que ese sabotaje —nunca atribuido oficialmente— es el verdadero origen del encarecimiento energético. Otra parte responde con datos: Rusia empezó a cortar el grifo ya en 2021 como forma de chantaje, y el gasoducto Nord Stream 2 nunca entró en funcionamiento porque Alemania se negó a darle la autorización administrativa por motivos políticos. Las dos versiones no son compatibles, y el tiempo no las ha reconciliado.
La nuclear aparece en casi todos los mensajes. El argumento más repetido: Francia apostó por sus centrales y a Francia no le ha ido tan mal; Alemania cerró las suyas empujada por los Verdes y se quedó sin alternativa. La réplica es doble. Primero, un programa nuclear de esa magnitud tarda décadas en estar operativo y necesita uranio, aunque productores como Canadá o Australia podrían suministrarlo. Segundo, la oposición a la nuclear no fue solo de los Verdes: hubo una mayoría social transversal, también entre conservadores y liberales, que aplaudió el cierre. El suicidio energético tuvo acompañamiento popular.
El papel de la impresión monetaria en el diagnóstico
Hay una tercera pata que recorre el análisis y que no aparece en el discurso oficial: la inflación. El corte repentino de suministro energético explica una parte, pero no toda. La otra parte la explican los millones que se imprimen cada día. Es el clásico de la economía keynesiana llevado al extremo: yo tengo papelitos de colores y tú tienes gas y petróleo; como puedo fabricar papelitos sin límite, me creo rico y te impongo sanciones. Cuando el plan sale mal, la culpa es del otro. El problema es que el otro tiene la energía y tú tienes una impresora.
Con estos mimbres, el cesto se teje solo. Alemania arrastra a la UE, la UE mira a Washington y Washington vende gas. Y mientras tanto, la pregunta que nadie responde: si la culpa es de las sanciones, ¿por qué se mantienen?