¿Acertará Aldama esta vez? Sus profecías sobre Zapatero y Sánchez en la cárcel
El comisario jubilado José? Manuel Villarejo ya no está solo en el Olimpo de los que lanzan órdagos desde los platós. Víctor de Aldama, el conseguidor del caso Koldo, ha vuelto a sembrar el caos con una aparición en Telecinco: "Zapatero irá a la cárcel y Sánchez detrás de él. Siempre he acertado". La declaración, que ya ha sido replicada en todas las cadenas, reabre el melón de una corrupción que salpica a ambos lados del espectro político.
El historial de un confidente que no falla (hasta ahora)
Aldama no es un improvisado. Fue el primero en destapar el caso Koldo, apuntó a la compra de mascara con comisiones, señaló a la SEPI y acusó directamente a José Luis Rodríguez Zapatero de cobrar de la trama. Cada una de sus afirmaciones —dicen sus defensores— se ha ido confirmando con el tiempo. "Este señor es un chorizo, pero no es un mentiroso", resumió un análisis en la red; las investigaciones judiciales han ido detrás de sus pistas. La condena a 25 años de prisión del exministro José Luis Ábalos, aunque recurrible, refuerza su credibilidad ante quienes le siguen. No es de extrañar que su frase "siempre he acertado" resuene como un mantra entre los que esperan una purga en el PSOE.
El tablero político: ¿elecciones o resistencia?
Las reacciones no se hicieron esperar. En Telemadrid, el periodista Antonio Naranjo apuntó a "fuertes rumores" de que Pedro Sánchez podría convocar elecciones generales. Una maniobra desesperada, según algunos, para evitar que el fango le engulla. Pero no todos lo ven claro. "Sánchez está por encima del Estado profundo", se argumenta en círculos escépticos, y el presidente es un maestro en la resistencia. La estrategia de Aldama sería, para otros, la de un condenado que busca un indulto a cambio de información: si derriba a Zapatero y a Sánchez, el PP —su supuesto salvador— le libraría de la cárcel por el embeleco de hidrocarburos. El movimiento, sin embargo, choca con la realidad de un poder judicial que, aunque lento, sigue su curso.
Entre la credibilidad y el cinismo: el escepticismo como refugio
No todo es fe en las profecías de Aldama. Una corriente de análisis sostiene que el personaje es un oportunista que se ha subido al personaje, que ya era un delincuente confeso y que ahora juega a ser héroe contra la corrupción. "Ha ansioso librado para que siga rajando", se dice, sugiriendo que el sistema lo utiliza como ariete contra el Gobierno. Otros, más cínicos, recuerdan que el PP y el PSOE son las dos columnas del mismo régimen: si una cae, la otra se tambalea. Por eso, argumentan, el PP no permitirá una caída total del PSOE, porque el negocio es el negocio. Con 45 años de alternancia en la mochila, la capacidad de pacto entre los dos grandes partidos es infinita.
Lo que viene: el juicio de hidrocarburos y la sombra de la SEPI
El próximo capítulo, según Aldama, será rellenito: la trama de hidrocarburos. "Falta lo rellenito", se adelantó en la intervención. Además, salió a relucir el intento de Begoña Gómez —muyer de Sánchez— de comprar un edificio de la SEPI por 200 millones de euros, un dato que, de confirmarse, tensaría aún más la cuerda. Mientras, la defensa del Gobierno se prepara para una ofensiva en el Congreso: mañana Sánchez comparecerá y, según fuentes parlamentarias, arremeterá contra el PP, Feijóo, los jueces y el lawfare. Aldama, entretanto, sigue lanzando bolas de fuego desde los platós.
Anécdota: el 'efecto CECOT' y las fantasías punitivas
Entre las respuestas a sus declaraciones, una propuesta llamó la atención: construir un CECOT a lo Bukele para encerrar a todos los corruptos, sin distinción de siglas. Una fantasía que refleja el hartazgo de una parte del electorado, pero que choca con la realidad de un sistema que rara vez castiga a sus peces rellenitos. Mientras, Aldama sigue sumando minutos de fama. Y su historial, de momento, le avala.
Conclusión irónica: Si el historial de Aldama es tan fiable como sus acreedores —que no son pocos—, quizá deberíamos ir preparando las maletas para la mudanza del expresidente y el actual inquilino de La Moncloa. Pero, como siempre, la diferencia entre una profecía y una noticia es el tiempo. Y el tiempo, en España, suele ser enemigo de las certezas.