La tiranía del cuerpo perfecto: hipergamia, esteroides y la soledad del hombre medio
La mitología lo anticipó: Hefesto, el dios cojo y feo, trabajaba en la fragua mientras su esposa Afrodita se entregaba a otros. Hoy, la versión moderna del mito se reproduce en gimnasios y redes sociales, donde la presión por alcanzar un canon estético inalcanzable genera una brecha entre el discurso público y las preferencias reales. Una conversación reciente ha puesto el foco en las contradicciones del mercado del deseo: ¿realmente las mujeres prefieren hombres musculosos? ¿O es la hipergamia femenina la que fuerza a los hombres a competir en una escalada de esteroides y horas de gimnasio?
El espejismo de la admiración femenina
Un profesional sanitario compartió una observación cotidiana: en su entorno laboral, las compañeras comentan que los hombres muy musculados no valen para el sexo. Sin embargo, un argumento recurrente entre los participantes sugiere que esas afirmaciones chocan con la realidad observable: en la práctica, las mujeres suelen sentirse más atraídas por hombres de físico trabajado. La paradoja genera desconfianza. «Las mujeres siempre dicen lo contrario de lo que piensan», se argumenta. Esta falta de coherencia entre lo que se declara y lo que se busca alimenta un cinismo que cala hondo en muchos hombres.
La escalada química: del gimnasio a la farmacia
El fenómeno no se limita a la genética. La presión estética ha llevado a una espiral de consumo de sustancias: SARMs, oxandrolona, inhibidores de miostatina, trembolona, clembuterol, winstrol, EPO, hormonas y dianabol forman parte del cóctel que algunos hombres ingieren para competir en un «mercado sexual roto». Se describe el caso de un joven que, sin el apoyo de esos compuestos, era de complexión ectomorfa; tras el tratamiento, se convierte en el objeto de deseo de mujeres que antes no le prestaban atención. La reflexión se vuelve amarga: «Chavales intentando competir en un mercado sexual roto por una hipergamia femenina sin frenos y el efecto masificador de las RRSS».
Hipergamia y demanda insatisfecha
Uno de los puntos que emerge con fuerza es la asimetría en la oferta. Mientras existen prostíbulos para hombres, apenas hay demanda de prostitutos para mujeres. Se interpreta como una prueba de que las mujeres no están «desesperadas» por tener sexo con hombres, lo que choca con el relato de que el sexo es fácil para cualquier mujer. Esta asimetría se vincula con la hipergamia: las mujeres, al tener más opciones, pueden seleccionar a los hombres con mayor estatus físico, dejando fuera a una parte considerable de la población masculina.
El mito clásico como espejo
La discusión también ha echado mano de la mitología para ilustrar el patrón. Hefesto/Vulcano es presentado como el «puto langosto de los dioses»: cojo, feo, currante en la fragua, mientras su esposa Afrodita se relacionaba con numerosos amantes. La moraleja extraída es que incluso un dios deforme tenía más orgullo que muchos mortales de hoy, que aceptan su papel de proveedores mientras la pareja busca mejores opciones. La hipergamia, elevada a categoría mitológica, se convierte en un argumento de autoridad clásico.
Sin salida a la vista
Aunque algunos participantes defienden el gimnasio como vía de mejora personal –«dale duro al JIN, haz elictica y pesas»–, la crítica a los esteroides anabolizantes también se hace oír: «No se da cuenta de que los esteroides anabolizantes están destrozando al hombre y que precisamente son promocionados por las redes sociales». La tensión entre el esfuerzo natural y el atajo químico no encuentra resolución. El debate deja más preguntas que respuestas: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar el hombre medio para competir en un juego que quizá nunca domine? El eco de Hefesto resuena en cada gimnasio.