¿Qué falló para que un incendio de esparto se llevara once vidas?
El incendio declarado en Los Gallardos (Almería) ha dejado al menos once fallecidos, según las primeras informaciones. La vegetación predominante en la zona, el esparto, arde con gran intensidad pero con poca duración, lo que podría haber generado una trampa mortal: en lugar de un fuego lento y previsible, una llamarada rápida que atrapó a las víctimas. Las condiciones de oscuridad y el pánico impidieron que buscaran refugio en claros sin vegetación.
Urbanismo disperso, factor común en tragedias
La dispersión de viviendas en el monte dificulta la protección contra incendios. Mientras un núcleo compacto permite crear cortafuegos perimetrales, las casas aisladas quedan expuestas. Este modelo urbanístico, que se repite en muchos puntos de la geografía española, ha sido señalado como agravante en catástrofes recientes, incluyendo la DANA. En Los Gallardos, la urbanización salpicada de chalets impidió una evacuación ordenada y dejó a los residentes a merced de las llamas.
El esparto: un combustible engañoso
Frente a otros incendios forestales de gran extensión, como el de Guadalajara en 2005, el de Almería se caracteriza por la naturaleza de su combustible: el esparto y otras matas bajas. Queman con violencia pero durante poco tiempo. Sin embargo, en un terreno con pocos claros y mucho matorral, la ventana de escape se cierra en segundos. Varios expertos coinciden en que la población local infravaloró el riesgo del fuego en una vegetación que consideraban poco peligrosa.
El debate sobre las causas profundas —despoblación rural, abandono del pastoreo, urbanismo desordenado— se ha reabierto. Pero las once personas que perdieron la vida ya no pueden opinar.