El aviso de verificación de edad en el porno abre el debate sobre el DNI digital
¿Y si para ver porno tuvieras que dar tu nombre, tu cara y tu DNI? Eso es lo que plantea, según un mensaje que aparece al entrar en los grandes portales de contenido para adultos, la obligación de identificarse digitalmente para verificar la edad, en Europa y también en Estados Unidos. La medida, presentada como protección de menores, enciende las alarmas sobre hacia dónde va internet.
El diagnóstico que se repite es que esto no acaba en el porno. Es el ensayo general de la identificación digital obligatoria para cualquier actividad online. Primero un sector, luego otro, y al final el wifi del ordenador pidiendo credenciales. La sospecha no es nueva: los algoritmos ya saben más de ti que tú mismo, y la cara se ha convertido en el nuevo DNI sin que nadie firmara nada.
Qué dice el aviso que aparece en los portales
El mensaje que salta al entrar anuncia que «dentro de poco entrará en vigor la obligación de identificarse digitalmente» en esa y otras páginas de contenido para adultos, tanto en Europa como en Estados Unidos. No es una ley aprobada con fecha concreta: es un aviso, y como tal se discute. Hay quien directamente no lo ha visto y sospecha que es un invento.
La respuesta más repetida es la del que ya tiene la herramienta: una VPN que sitúe la conexión fuera de la UE y a seguir navegando. El problema es que no todos los que la recomiendan entienden cómo funciona. «Las VPN no funcionan como te crees», advierte alguien, sin más desarrollo. Otros apuntan a soluciones más artesanales: gestores de descargas, redes P2P, discos duros externos.
El formulario que nadie quiere rellenar
La broma recurrente es el formulario gubernamental previo: datos personales más preferencias marcadas en una lista. Hetero, lesbianismo, porno gayer, bizarro japonés, coprofilia, zoofilia, travestismo y otros. La gracia está en el remate: ese formulario «anónimo» acabaría en una base de datos de prevención anticipada de delincuentes sexuales.
Detrás del chiste hay una preocupación real: la identificación convierte el consumo privado en un registro consultable. Un fallo de seguridad o una filtración y lo que era anónimo pasa a ser un expediente. La pregunta que sobrevuela es qué pasa cuando el dato se cruza con el resto de tu huella digital.
El porno gratis y su modelo de negocio
La explicación más cínica es también la más lógica: el porno era gratis porque el usuario pagaba con sus datos. Ahora que la ley obliga a identificarse, ese pago deja de ser invisible. La gratuidad no era un regalo, era un intercambio.
El cálculo económico aparece por otro lado: si el acceso se complica, sube la demanda de almacenamiento local. «Van a subir de precio los discos duros», avisa alguien, «id aprovisionando teras». La broma tiene fondo: cuando el streaming se cierra, el archivo vuelve.
La identificación digital como puerta de entrada al control
El argumento que más se repite es el de la cuña. La identificación digital en el porno es la primera pieza; después vendrá el resto. La referencia que se cita es la Internet Bill of Rights, un marco que, según se sostiene, aboga exactamente por lo mismo: un internet con identidad verificada.
La cita que circula lo resume: «Cada uno de ustedes sabe que está siendo rastreado pero todavía lleva el teléfono. La verdad es que la conveniencia gana sobre la privacidad». El teléfono ya es un localizador voluntario. La identificación digital solo formaliza lo que ya ocurre.
Qué pasa con los menores y con la libertad
El debate se parte aquí. Unos sostienen que la medida es una excusa: a los menores les importa un bledo a quien legisla, y lo que se busca es control. Otros defienden que se puede limitar el acceso adolescente sin vigilancia total, con dispositivos simplificados, bloqueos domésticos y educación digital.
El contraargumento es el coste de ceder. «Están tratando de que cedas tu libertad a cambio de vicio», resume alguien. Si la gente acepta identificarse por un rato de placer, el DNI electrónico para internet deja de ser una hipótesis. Si no lo acepta, la libertad se defiende sola.
El consumo no desaparece, se desplaza
La predicción más realista es que nada cambia de fondo. Los adictos encontrarán la forma: VPN, P2P, servidores alojados en terceros países, discos duros. El que tiene poca imaginación es el que se queda fuera. Y el que tiene memoria, dice, no necesita pantalla: «a veces los recuerdos son mejores que una buena peli porno».
La única duda que queda abierta es si esto se puede implantar a nivel mundial. La respuesta corta es que nadie lo sabe. La larga es que Europa y Estados Unidos ya van por ahí, y lo que empieza en dos mercados grandes rara vez se queda en ellos.
Al final, el pajaporte no es más que la versión adulta del carné de la biblioteca. Solo que ahora el bibliotecario tiene tus datos, tu cara y tus preferencias, y no hace falta ni que te vea entrar.