Escipión
Madmaxista
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Llevo bastantes años haciendo deporte sin fines competitivos (aunque sí haya competido), habiendo practicado carrera de fondo principalmente. Es un deporte barato, "sencillo" (correr es (era) una actividad natural en el ser humano), sano y que no requiere de instalaciones específicas para su práctica (la calle o el campo, disponibles 24/7/365 y gratuitamente).
Uno de los temas recurrentes en este deporte es el de las zapatillas. En este mundillo hay toda una subcultura en torno a las mismas propiciada por la propia industria y a una cierta ignorancia respecto a la esencia misma de este deporte: Zapatillas para pisadas pronadoras, supinadores, nuetras; con un "drop" de tantos grados; para hombres, para muyeres, para determinado rango de peso, con cámara de aire, con gel...
La cuestión es que unas "buenas" zapatillas pueden salir por más de 100 euros con una vida útil media de unos 800 kilómetros. Para un corredor habitual que hace unos 50-60 kilómetros semanales supone tener que cambiar de zapatillas cada 3-4 meses.
Lo último que espera alguien que hace deporte es lesionarse y eso fuerza a no escatimar dinero en comprarse esas "buenas" zapatillas. El problema es que la clave para no lesionarse no son las zapatillas sino la técnica de carrera. Las zapatillas han sido específicamente diseñadas para generar dependencia a las mismas y sacar dinero. De hecho teniendo las zapatillas ideales la gente sigue lesionándose.
La mayor parte de personas, en la carrera, hacen apoyo de talón, lo cual es muy lesivo e ineficiente. El impacto se absorbe brúscamente y sin apenas amortiguación. La energía generada se transmite desde el talón hasta las rodillas y caderas. En el momento del impacto del talón en el suelo se produce una carga que puede llegar a 3 veces el peso corporal del corredor (dependiendo de la velocidad, la pendiente...). Esto se agrava en aquellas personas que se ponen a correr para perder peso: articulaciones no entrenadas + mala técnica de carrera + sobrepeso = lesión asegurada (normalmente rodillas). Es ineficiente por varios motivos: en el momento de apoyar el pie, éste (y la pierna) está orientado de tal forma que se opone a la dirección del movimiento. El pie está en contacto con el suelo demasiado tiempo. Para apoyar el talón la pierna se lleva más adelante respecto al centro de gravedad de lo necesario. Se desaprovecha la energía que el propio impacto genera.
El apoyo ideal sería en la zona exterior del metatarso (antepié). Haciéndolo así el sistema articular del pie absorbe, como si de un amortiguadaro se tratara, el impacto en su mayor parte. El apoyo es más cercano al centro de gravedad. Se reduce el tiempo de contacto con el suelo. Parte de la energía generada en el apoyo es aprovechada en el impulso al realizar una contracción reactiva (efecto muelle).
En resumen: Para correr, metatarso. Para caminar, talón. Zapatillas: baratas, pero usando buena técnica de carrera.
Uno de los temas recurrentes en este deporte es el de las zapatillas. En este mundillo hay toda una subcultura en torno a las mismas propiciada por la propia industria y a una cierta ignorancia respecto a la esencia misma de este deporte: Zapatillas para pisadas pronadoras, supinadores, nuetras; con un "drop" de tantos grados; para hombres, para muyeres, para determinado rango de peso, con cámara de aire, con gel...
La cuestión es que unas "buenas" zapatillas pueden salir por más de 100 euros con una vida útil media de unos 800 kilómetros. Para un corredor habitual que hace unos 50-60 kilómetros semanales supone tener que cambiar de zapatillas cada 3-4 meses.
Lo último que espera alguien que hace deporte es lesionarse y eso fuerza a no escatimar dinero en comprarse esas "buenas" zapatillas. El problema es que la clave para no lesionarse no son las zapatillas sino la técnica de carrera. Las zapatillas han sido específicamente diseñadas para generar dependencia a las mismas y sacar dinero. De hecho teniendo las zapatillas ideales la gente sigue lesionándose.
La mayor parte de personas, en la carrera, hacen apoyo de talón, lo cual es muy lesivo e ineficiente. El impacto se absorbe brúscamente y sin apenas amortiguación. La energía generada se transmite desde el talón hasta las rodillas y caderas. En el momento del impacto del talón en el suelo se produce una carga que puede llegar a 3 veces el peso corporal del corredor (dependiendo de la velocidad, la pendiente...). Esto se agrava en aquellas personas que se ponen a correr para perder peso: articulaciones no entrenadas + mala técnica de carrera + sobrepeso = lesión asegurada (normalmente rodillas). Es ineficiente por varios motivos: en el momento de apoyar el pie, éste (y la pierna) está orientado de tal forma que se opone a la dirección del movimiento. El pie está en contacto con el suelo demasiado tiempo. Para apoyar el talón la pierna se lleva más adelante respecto al centro de gravedad de lo necesario. Se desaprovecha la energía que el propio impacto genera.
El apoyo ideal sería en la zona exterior del metatarso (antepié). Haciéndolo así el sistema articular del pie absorbe, como si de un amortiguadaro se tratara, el impacto en su mayor parte. El apoyo es más cercano al centro de gravedad. Se reduce el tiempo de contacto con el suelo. Parte de la energía generada en el apoyo es aprovechada en el impulso al realizar una contracción reactiva (efecto muelle).
En resumen: Para correr, metatarso. Para caminar, talón. Zapatillas: baratas, pero usando buena técnica de carrera.
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