Cerveza sin alcohol: ¿sabe igual de bien que la normal? Los datos del debate
Que una cerveza sin alcohol pueda saber tan bien como una con alcohol es una afirmación que muchos consideran una herejía. Sin embargo, quien lleva dos décadas sin probar una gota asegura que, fría y tostada, no tiene nada que envidiar a su versión alcohólica. Y el argumento económico y de salud le da la razón.
La cuestión central: ¿es el sabor realmente comparable? Los defensores de la cerveza tradicional sostienen que no, que el puntito de alcohol y el amargor característico son irreemplazables. Comparan el paso de la sin alcohol a la con alcohol como pasar de un cava barato a un champán de alta gama: una vez que has probado el bueno, ya no hay vuelta atrás. Los datos de mercado, sin embargo, apuntan en otra dirección.
La industria apuesta por el segmento 0,0
Mientras tanto, las marcas se pelean por captar al nuevo consumidor que busca alternativas saludables. Marcas como Alhambra, Mahou, Cruzcampo y Estrella Damm tienen sus versiones sin alcohol, y las ventas no dejan de crecer. En mercados como el holandés, donde un usuario menciona ir al Albert Heijn a por una cerveza sin alcohol, la oferta es amplia. El argumento de que la cerveza sin alcohol es un «veneno» para el hígado queda desmentido por las propias campañas de las compañías cerveceras.
«El único encanto de la cerveza es mamarse»
Pero hay quien va al grano: el verdadero motivo para beber alcohol es emborracharse. Una postura que, por cruda que sea, reconoce que el sabor es secundario. Quienes defienden la cerveza sin alcohol replican que el único beneficio real de la alcohólica es la intoxicación voluntaria, y que el coste en dinero y neuronas es demasiado alto. Con el precio de la cerveza subiendo y la conciencia sobre la salud en aumento, la balanza se inclina.
El futuro del mercado cervecero
Si el sabor de la cerveza sin alcohol mejora lo suficiente como para engañar a los paladares más exigentes, la disyuntiva desaparece. La industria ya investiga nuevas levaduras y procesos para acercar el perfil sensorial. Por ahora, la discidencia persiste: hay quien paladea una sin alcohol en una terraza y disfruta, y hay quien sigue viéndola como un apaño triste. Las cifras de consumo, eso sí, hablan a favor del cambio de hábitos.
Afirmar que la cerveza sin alcohol sabe igual es, como mínimo, osado. Pero el argumento de que la única razón para beber cerveza con alcohol es emborracharse no tiene réplica fácil. La industria sigue su curso, y el consumidor decide con su bolsillo. La predicción: la cerveza 0,0 ganará cuota, pero el debate sobre el sabor seguirá vivo mientras haya un bebedor tradicional dispuesto a defender su caña.