Arde una de las torres de Madrid: ¿cortina de humo o simple siniestro?
¿Qué hay detrás del incendio declarado en la Torre Moeve, una de las cuatro torres de la Castellana? Mientras los bomberos trabajan en la extinción, en los círculos de análisis económico y político ya se disparan las especulaciones. La coincidencia con el aniversario del incendio del Windsor —que arrasó el edificio de Deloitte en 2005— es demasiado jugosa para pasarla por alto.
Un fuego en la planta técnica y un pasado truculento
Las primeras informaciones apuntan a que el humo procede de una planta técnica, posiblemente un equipo de bombeo o aire acondicionado. Nada de grandes llamas, pero suficiente para activar el protocolo de evacuación y crear un revuelo mediático. La torre, que originalmente fue impulsada por Repsol y luego acogió las sedes de Caja Madrid y Bankia, es hoy propiedad de Moeve (antes CEPSA), la petrolera controlada por Mubadala y Carlyle. Un cambio de nombre que no ha borrado su historial: el edificio ya fue noticia por albergar documentos de la antigua caja.
La memoria inmediata se dispara hacia el Windsor. Aquel incendio de 2005, que destruyó el rascacielos de Deloitte, nunca dejó de alimentar teorías sobre destrucción de pruebas —particularmente en relación con el 11-M y otros escándalos. Ahora, casi dos décadas después, el humo vuelve a salir de una torre madrileña.
El tufillo a cortina de humo político
Difícil resistirse a la comparación. Entre los analistas, una corriente sostiene que la coincidencia no es casual: el incendio ocurre justo cuando el foco mediático debería estar sobre los escándalos de corrupción del PSOE y las conexiones empresariales de la trama. Se menciona que Víctor de Aldama tiene un restaurante a los pies de las torres, y que en las oficinas de Moeve podrían conservarse expedientes comprometidos. La pregunta que flota es: ¿quemar papeles o simplemente mala suerte?
Del misterio del Windsor a la nanotermita
Los paralelismos con el Windsor no se quedan en lo anecdótico. Si entonces se habló de destrucción de pruebas del 11-M, ahora se especula con desaparición de documentos sobre hidrocarburos, contratos públicos y financiación irregular. Incluso hay quien recuerda la teoría de la nanotermita que circuló tras el 11-S. Pero, como en aquella ocasión, la versión oficial apunta a un accidente banal. Lo único que parece seguro es que el humo —blanco, no negro, apuntan algunos— y la ausencia de grandes daños estructurales reducen el dramatismo.
El dato que descoloca: una noticia falsa previa
Un detalle inquietante: días antes del incendio real, circuló una noticia falsa sobre el impacto de un helicóptero contra una de las torres. Desmentida rápidamente, pero ahora vista como un posible aviso o prueba de concepto. ¿Operación psicológica o simple coincidencia de mal gusto? La discusión sigue abierta.
Ironías del destino
Mientras los servicios de emergencia contienen el fuego, en los mentideros se bromea con que la única fumata blanca que se ve es la de un nuevo consejero delegado. Lo cierto es que el incidente, por menor que sea, ya ha conseguido desviar la atención de los titulares económicos que importan. Y si algo enseña la historia reciente, es que en Madrid los incendios en torres nunca son solo incendios.