Torreforta: el barrio de Tarragona donde abrir un negocio es un acto de fe
Un local en Torreforta ha sido noticia después de que un periódico local publicara una fotografía de su oferta gastronómica. La imagen, más propia de un manual de gastroenteritis que de una sección de cocina, ha desatado una oleada de comentarios sobre el estado del barrio. Situado en la periferia de Tarragona, Torreforta es descrito por quienes lo conocen como un «infierno de multiculturalidad y tacaño», una mezcla de Mogadiscio, Marrakech y Medellín con una residencia de ancianos decadente. No es un halago.
Un negocio abocado al fracaso
Abrir un negocio en Torreforta parece una apuesta contra todo pronóstico. La afluencia de inmi gración masiva y la falta de servicios públicos han convertido la zona en un gueto donde la actividad económica languidece. El establecimiento en cuestión, cuyo género apenas se distingue en la foto, es solo un síntoma más de un barrio que ha perdido cualquier atractivo comercial. Mientras tanto, el Ayuntamiento de Salou, vecino, anuncia su adhesión a la causa de Open Arms, una ONG dedicada al rescate de forasteros en el Mediterráneo. La contradicción no puede ser más evidente: por un lado se fomenta la llegada, por otro se deja pudrir barrios enteros.
¿Oleada turística o abandono?
Hay quien califica la situación de «oleada turística» y advierte de que el buenismo ha traído consecuencias irreversibles. Otros señalan que el problema no son los forasteros, sino la desinversión crónica en infraestructuras y servicios en los barrios periféricos. Lo cierto es que Torreforta se ha convertido en un ejemplo de lo que ocurre cuando se prioriza el discurso humanitario sobre la gestión real del territorio. El resultado: negocios que cierran, calles degradadas y una población que se siente abandonada.
Mientras las autoridades locales se fotografían con ONG, en Torreforta la pregunta es simple: ¿quién en su sano juicio abriría algo aquí?
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