Abundancia que aburre: la sociedad rica no sabe qué hacer con su tiempo
Paz, comida, superabundancia material, más riqueza que trabajo. El balance que algunos economistas hacen de nuestra época suena a utopía cumplida. Pero entonces, ¿de dónde sale el malestar? Una corriente incómoda apunta a una causa simple: de puro tenerlo todo, la sociedad se aburre. Y el hastío empuja a querer más riqueza y menos trabajo solo para no quedarse a solas con el vacío.
El aburrimiento como categoría económica
Ortega y Gasset lo dijo antes que nadie: quien lo tiene todo no lo valora. La versión moderna añade un matiz: quien lo tiene todo va de valiente y desprecia lo conseguido. El deseo, motor del capitalismo, necesita insatisfacción crónica. Si la abundancia sacia, hay que fabricar carencias nuevas. Un técnico en ocio, cultura y tiempo libre lo resumía como el verdadero mal de las sociedades que ya no necesitan luchar por sobrevivir.
La nostalgia de la escasez y el peso de la deuda
Hay quien mira atrás y añora la paz anterior al 11-S, aunque fuera imperfecta y limitada a ciertas regiones. Esa nostalgia actúa como combustible: cuando todo va bien, se busca lo que falta. La deuda, mientras tanto, recordatorio de que la abundancia se ha comprado a crédito, pesa en el balance. La sociedad que lo tiene todo no sabe qué hacer con ello, y la política, enredada en la pullita permanente, tampoco ofrece respuestas.
La pregunta del millón sigue abierta: ¿cómo se gestiona una crisis de la abundancia? Nadie ha dado todavía una respuesta que convenza.