El aviso de Marruecos tiende una trampa a la justicia española
La crisis con Marruecos se ha convertido en el nuevo campo de batalla del ruido político español. El episodio se invoca ya como un «aviso» de que el poder puede hacer lo que le plazca con tal de despejar sus problemas judiciales. La expresión no es hipérbole de ningún analista: es el tenor literal de mensajes que circulan por la red desde la madrugada.
Esos mensajes aprovechan la tensión con el vecino del sur para escenificar una especie de estado de excepción retórico. Se menciona la guerra civil como advertencia a los jueces, y se sugiere que el sacrificio de vidas ajenas es un precio asumible si sirve para que el dirigente salga inmune de sus cuentas pendientes. La deriva verbal no es nueva, pero esta vez se apoya en un contexto internacional de crisis con Marruecos que hasta ahora solo había dado titulares sobre pesca o migración.
Quién gana con la escalada
La lectura más cruda apunta a que la crisis exterior sirve de coartada para que el Ejecutivo se deshaga de incómodos expedientes. Hay quien lo resume con una lógica perversa: si la patria está en peligro, los jueces deben callarse. Esa es la conclusión que se extrae de la amenaza directa de llevar al país a una situación de conflicto interno para que el dirigente se libre de la acción judicial.
En contra, hay quien considera que se trata de un primerizo intento de sátira, de alguien que se hace pasar por el presidente para desacreditar al Gobierno. Pero la repetición de esquemas verbales —desprecio a la vida de los migrantes, voluntad de sacrificar socios y aliados al menor sismo— casa demasiado bien con las líneas que ya se transitan en el debate público.
Lo más probable es que la mayoría de estos mensajes no pasen del ruido digital. Pero si el ruido se convierte en órdenes concretas, el sistema judicial tendrá que decidir si cede o se planta. Nadie debería apostar a que la crisis marroquí se resolvió con un simple tuit.