La neolengua económica: el arma contra tu bolsillo
¿Puede una palabra decidir cuánto pagamos en impuestos? Más aún: ¿puede el simple cambio de un término hacer que una política lesiva parezca razonable? Esa es la tesis que defiende una exposición de 32 minutos que circula por YouTube y ha vuelto a poner sobre la mesa un asunto incómodo.
La autora, Cristina Soto, sostiene que vivimos inmersos en un «violencia extremista semántico»: un uso deliberadamente confuso del lenguaje para moldear la percepción económica de la ciudadanía. No es una conspiración new age; es una técnica vieja como el poder. Orwell la describió en 1984, pero el propio Orwell bebió de los autores rusos que habían experimentado con el control del lenguaje antes que él.
De Orwell a Pávlov: el linaje del control verbal
La serie de conexiones históricas va más lejos: los experimentos de condicionamiento de Pávlov y la idea de que las palabras actúan como reflejos que podemos activar a voluntad. Cuando un impuesto se rebautiza como «tasa solidaria» o un recorte como «flexibilidad laboral», el cerebro recibe una orden que no coincide con la realidad. Y el bolsillo lo nota.
Hay quien argumenta que es simple retórica y que la ciudadanía no es tan maleable. Pero los datos de los últimos lustros —sobre todo en la gestión de crisis y en la comunicación de medidas económicas— apuntan a que la terminología elegida cambia la aceptación social de las políticas, no su contenido.
Lo curioso es que, para encontrar explicaciones tan claras, haya que recurrir a un vídeo de media hora en YouTube y no a los manuales de economía.