COU: prolongación del BUP o simple antesala de la selectividad
El primer día de clase de matemáticas de COU, una profesora señaló a un alumno para que resolviera en la pizarra una integral con exponenciales y senos. El chaval no tenía ni idea de cómo abordarla, pero tiró de las herramientas que arrastraba de tercero de BUP, separó la exponencial por un lado y el seno por otro, y empezó a operar. Aquel episodio, recordado por un ingeniero que hoy se gana la vida con lo que estudió, resume la pregunta que planea sobre el extinto Curso de Orientación Universitaria: ¿era una prolongación del BUP o una recopilación de todo lo anterior?
La respuesta corta es que fue las dos cosas, y ninguna del todo. Quienes lo cursaron en ciencias puras coinciden en que había
contenido nuevo y que lo viejo se repetía a un nivel superior. Quienes lo hicieron en letras describen una continuación cronológica del temario, con libros que seguían la línea del curso anterior. Y una tercera corriente, la más numerosa, sostiene que el COU era, en la práctica, un cuarto curso de BUP con una única misión: preparar la selectividad.
Qué se daba en el COU de ciencias
El temario de matemáticas de ciencias incluía álgebra con dependencia lineal, espacios vectoriales, matrices y determinantes; geometría analítica con puntos y planos; análisis con límites y continuidad; integrales; y probabilidad, que según varios testimonios
nunca se llegaba a dar por falta de tiempo. Parte de esos contenidos ya habían aparecido en segundo y tercero de BUP, pero a un nivel inferior. Eso es lo que permite hablar de prolongación con profundidad añadida.
En letras, la historia era contemporánea y universal, no de España, y los temarios los organizaba la universidad. Historia del arte era materia nueva, no continuación de nada. Filosofía y literatura sí mantenían el hilo, aunque con más carga que en cursos previos. Inglés y lengua española seguían la estela obvia. En matemáticas de sociales, un participante recuerda que matrices, Gauss y Cramer eran lo más sencillo del primer trimestre, y que después llegaron las derivadas.
El COU como preparación para la selectividad
El curso estaba orientado a superar la prueba de acceso, y eso marcaba el ritmo. Se hacían casos prácticos de todas las materias, similares a los exámenes de la PAU, para ensayar el formato. Algunos centros lo aprovechaban para apretar; otros, para aflojar. La variación entre institutos públicos y privados era enorme, y varios relatos apuntan a que ciertos colegios privados de capital con mucho nombre facilitaban el aprobado a quienes hacían donativos.
La exigencia dependía del centro y del profesor. Hay quien sostiene que en su instituto no se salía de COU sin saber derivar e integrar con soltura, y quien recuerda que en primero de carrera, en matemáticas, el 80% de la clase entró sin saber derivar cosas básicas. El programa podía ser duro, pero lo duro que fuera dependía de quién lo impartiera.
Repetir COU: la letra pequeña del sistema
Un dato recurrente en los testimonios es la tasa de repetición. Se menciona que el
50% de los que se presentaban repetía COU. No era un curso de paso: era un filtro. La selectividad era selectiva de verdad, y la nota media del expediente pesaba. Eso empujaba a muchos a cambiar de asignatura o de centro. Un participante cuenta que cambió matemáticas por geología al matricularse y que guarda el resguardo enmarcado como trofeo de una decisión acertada.
La comparación con el bachillerato actual aparece una y otra vez. Hay quien afirma que el COU era más duro que cualquier primero de carrera actual, y quien matiza que el nivel de ahora en institutos públicos buenos es parecido, aunque el problema son los alumnos, acostumbrados a aprobar por asistencia. La LOGSE y las leyes posteriores buscaron reducir el fracaso escolar, y una parte del análisis sostiene que se optó por bajar la exigencia en lugar de subir el nivel.
El declive del nivel y la nostalgia del COU
La conversación deriva hacia el declive educativo. Se argumenta que antes se quitaban 0,25 puntos por falta de ortografía ya en EGB, y que en COU escribir «haber» por «a ver» podía costar el curso. Se menciona el aprendizaje memorístico de valencias, capitales y listas de reyes. Frente a eso, hay quien responde que la nostalgia es un género literario y que cada generación se cree más lista que la siguiente.
El propio COU tenía sus defensores y sus críticos entre quienes lo cursaron. Unos lo recuerdan como un curso cañero donde se aprendía; otros, como un trámite con menos tonterías que el bachillerato porque todo apuntaba a la selectividad. La verdad incómoda es que el COU no era homogéneo: dependía del centro, del profesor y de la rama elegida. Y esa variabilidad explica por qué hoy conviven relatos tan distintos.
Qué queda de aquel curso
El BUP terminó en el año 2000. Desde entonces, el sistema ha cambiado varias veces y el debate sobre el nivel no se ha apagado. Los que hicieron COU recuerdan un curso exigente, orientado a una prueba externa, con contenido nuevo en ciencias y continuación en letras. Los que no lo hicieron, miran con escepticismo ese relato. Lo que no cambia es la pregunta de fondo: si el nivel bajó, ¿fue por las leyes, por los alumnos o por ambas cosas a la vez?