Marta Ortega, la presidenta que prefiere el diseño a las cuentas
Cuando Marta Ortega asumió la presidencia no ejecutiva de Inditex el 1 de abril de 2022, sustituyendo a Pablo Isla, las expectativas eran inciertas. Críticos aseguran que la hija del fundador no se preocupa por los datos contables —beneficios, gastos, deudas— sino por el aspecto de los trajes de Zara, incluso si eso implica perder dinero. Un directivo que conoce a Isla lo califica sin ambages. La advertencia va en serio: el mismo patrón de sucesión familiar que llevó al Banco Santander a perder cuota de mercado podría repetirse en el gigante textil.
¿Es viable una gestión basada en la estética?
Los números no mienten, pero a Ortega parecen importarle poco. Mientras que el análisis financiero requiere raíces cuadradas y cálculos, la apuesta por el diseño se percibe como un capricho. Quienes defienden la estrategia señalan que la delegación es clave y que el equipo directivo puede compensar las carencias. Sin embargo, el escepticismo domina: se compara la situación con la de otras empresas donde la sucesión dinástica trajo declive. Y es que tumbar a un gigante es lento, pero las decisiones equivocadas en mercados clave como Estados Unidos ya provocarían caídas del 10% en bolsa.
El sexismo se cuela en el debate
Parte de la crítica se tiñe de argumentos de género, alegando que las mujeres priorizan la emoción sobre la razón. Pero más allá de prejuicios, el foco debería estar en las cifras: Inditex sigue siendo rentable, pero la cuestión es si la deriva hacia lo estético comprometerá su futuro. La fecha de su nombramiento, hace apenas unos meses, no permite aún ver el resultado de su gestión, pero las dudas crecen.
El dato que descoloca: la empresa que viste a millones de clientas podría estar siendo dirigida por alguien que desprecia los mismos datos que la hicieron grande. Silencio en la sala de juntas.