Euskadi suspende en lectura y el modelo del euskera evidencia su debacle
Euskadi invierte más por alumno que ninguna otra comunidad española. Y aun así, sus resultados en comprensión lectora están a la cola del país. Según los últimos datos de la OCDE, los estudiantes vascos obtienen 419 puntos en lectura, frente a una media española que los coloca como últimos. En matemáticas, la cosa cambia: 460 puntos, a solo tres de la media OCDE.
Esa asimetría es la que tiene en jaque a todo el sistema educativo vasco. No es un derrumbe general: es un desplome específico en la lectura, justo donde la lengua vehicular debería jugar a favor. Y aquí es donde el análisis apunta a un culpable: el euskera como lengua principal en la escuela.
El gasto por alumno no se traduce en resultados
Euskadi es la comunidad con mayor gasto por alumno de España. Madrid, según los datos que se manejan, gasta bastante menos y saca mejores notas. No hay excusa de inmigrantes para justificarlo: la capital, con una alta presencia de alumnado extranjero, mantiene resultados superiores. La pregunta entonces es: ¿dónde va ese dinero?
Algunas voces señalan que el problema no es el dinero, sino la gestión. Y en concreto, la rigidez del modelo de inmersión en euskera, que obliga a todos los alumnos a estudiar en esa lengua desde el primer día, incluso a los recién llegados que nunca la han oído.
La inmersión en euskera: un modelo único en Europa
El modelo vasco no tiene comparación en Europa. En Suiza la educación es monolingüe en la lengua oficial de cada cantón. En Singapur se enseña en inglés con horas semanales para la lengua materna. En Irlanda hay dos modelos separados, el inglés y el inmersivo en irlandés, pero este último es minoritario: solo el 8% de los estudiantes. El sistema vasco, en cambio, apuesta por el euskera como lengua vehicular en la mayoría de los centros. Y no está funcionando.
De hecho, hay quien lo ve como una herramienta para crear una casta de funcionarios. El euskera es requisito para acceder a muchos empleos públicos, como Osakidetza, donde un sueldo puede rondar los 3.000 euros al mes. Es una dinámica que incentiva el aprendizaje del idioma, pero también genera rechazo entre los que no lo hablan.
El problema de fondo: la ideología en las aulas
Y luego está la cuestión ideológica. Algunos denuncian que en las ikastolas la educación se contamina de política: pancartas, símbolos, y una agenda que va más allá de las materias. El resultado es un sistema que forma, dicen, en el adoctrinamiento, no en el pensamiento crítico.
La inmigración escolar: un nuevo desafío
El aumento de la población extranjera ha creado otra presión sobre el sistema. En Bilbao, algunos centros se han convertido en espacios segregados de facto a los que acuden los recién llegados, con problemas de convivencia que se han disparado. Estos institutos, con altas cámaras de vigilancia, lejos de ser punteros, se han vuelto un polvorín. No es un tema menor: la segregación que provocan ciertas políticas educativas es un debate que está sobre la mesa.
Mientras tanto, las cifras siguen hablando. Euskadi tiene un problema de comprensión lectora que no se arregla con más dinero. El camino hacia la excelencia en un sistema con dos lenguas no es fácil, pero en el País Vasco parece que la política lingüística se ha convertido en el foco y no en la herramienta. La pregunta de si el euskera es el único culpable se queda sin respuesta: los datos dicen que algo no encaja, y para muchos, ese algo es el idioma.