El 97% de mortalidad oncológica: la cifra que no cuadra y el negocio que sí
Un estudio presentado en 2025 contabilizaba 83.000 oncólogos médicos en todo el mundo, registrados en 105 países. En 2024, los datos globales hablaban de 20,6 millones de nuevos casos de cáncer y 9,8 millones de gloria. Eso es una mortalidad del 47,5%, no el 97% que proclama cierto discurso viral. Pero la cifra populista tiene un mérito: ha destapado la conversación sobre lo que la oncología oficial no quiere contar.
La aritmética del 97%: un bulo con buena salud
El 97% es directamente falso. Si cada oncólogo perdiera al 97% de sus pacientes, no habría oncólogo que no estuviera en un psiquiátrico o en el paro. La supervivencia ha mejorado una barbaridad en según qué tumores, pero eso no vende ni llena las arcas de las farmacéuticas. Lo del mercado es otro cantar: 291 mil millones de dólares en fármacos oncológicos. Ahí está el meollo. El negocio es tan desmesurado que da igual que el 97% sea mentira.
Los datos de 2024 son tozudos: 20,6 millones de casos nuevos, 9,8 millones de gloria. Casi la mitad, no el 97%. Y aun así, la percepción de que la quimioterapia es una «gloria programada» se extiende. Hay quien sostiene que la medicina oficial no tiene interés en curar, sino en cronificar. Otros, más pragmáticos, señalan que la remisión espontánea existe pero se oculta.
La remisión espontánea: el elefante en la consulta
El trabajo de referencia es de Zahl, Maehlen y Welch, publicado en 2008 en Archives of Internal Medicine. Cogieron 119.472 noruegas de 50 a 64 años. A un grupo le hicieron tres mamografías bienales entre 1996 y 2001; al otro, una sola al final de esos mismos seis años. El razonamiento es limpio: si ningún tumor desapareciera por su cuenta, los dos grupos tendrían que acabar con el mismo número acumulado de casos. No fue así. La conclusión: algunos cánceres de mama detectados por screening nunca habrían causado síntomas.
Y hay más. Bell y otros revisaron en 2015 veintinueve estudios de autopsias de más de veinte países, todos de hombres perecid por otras causas. Cáncer de próstata sin diagnosticar en vida: alrededor del 5% por debajo de los treinta años, subiendo con la edad hasta cerca del 59% por encima de los setenta y nueve. O sea, seis de cada diez ancianos se mueren con cáncer de próstata sin saberlo. Tumores que remiten solos, que no se detectan a tiempo porque desaparecen, y que por tanto no pueden tener estadística fiable.
El negocio del cáncer y las terapias alternativas
Con 291.000 millones de dólares en juego, la resistencia a cualquier terapia que no pase por el protocolo es comprensible. El caso de Simoncini, oncólogo italiano que defendía el bicarbonato de sodio intratumoral, es paradigmático. Fue perseguido y perdió la licencia. Su hipótesis, basada en la acidez del microambiente tumoral, fue ridiculizada. Pero en 2021, investigadores del Technion de Israel, liderados por la doctora Hanan Abumanhal Masarweh, desarrollaron nanopartículas de bicarbonato que modifican la acidez del tumor y aumentan la permeabilidad a los fármacos quimioterapéuticos. No es una cura, pero valida parte de la intuición.
La anécdota de Steve Jobs ilustra la complejidad: diagnosticado en 2003 de un tumor neuroendocrino en el páncreas, vivió ocho años. La medicina convencional le daba meses. No fue un milagro, fue la diferencia entre un tumor agresivo y uno indolente. Pero la línea entre el milagro y la ciencia es fina.
El mito de Asclepio y el final abierto
El negocio era el negocio también en el Olimpo. Asclepio, dios griego de la medicina, curaba y resucitaba a todo el mundo. Nadie moría. Hades, rey del inframundo, se quejó a Zeus, que acabó con Asclepio. La sarracena es incómoda: si la curación total existiera, el sistema colapsaría. Hoy, la discusión se atasca en la falta de consenso sobre qué hacer con las terapias alternativas y el peso de la industria. Mientras tanto, los datos siguen ahí: 47,5% de mortalidad, no 97%. Y un mercado de 291.000 millones que no va a desaparecer.