Mujeres y absentismo: la brecha que ningún relato oficial explica
Un incendio en una localidad vasca obligó al jefe de la policía municipal a agradecer públicamente a los compañeros que se presentaron. De casi 30 efectivos, solo había uno en oficinas y una patrulla. Los otros 27 no tenían previsto ir a trabajar. La anécdota ilustra un problema que los últimos datos de Randstad Research convierten en estadística: Euskadi lidera el absentismo laboral en España con un 9,4% de horas pactadas no trabajadas, muy por encima de la media nacional del 7,2%. De ese porcentaje, el 7,2% corresponde a bajas médicas.
La brecha de género en las bajas: cifras que incomodan
Los datos nacionales medios de 2025-2026 arrojan una diferencia persistente: la tasa de absentismo femenino oscila entre el 6,8% y el 7,5%, mientras que la masculina se sitúa entre el 4,2% y el 4,8%. Las mujeres concentran entre el 62% y el 65% del total de días de baja laboral en España. Las causas más frecuentes en ellas son problemas musculoesqueléticos (espalda, cervicales), salud mental (ansiedad, depresión) y problemas ginecológicos y reproductivos. A esto se suma la doble jornada: aunque la corresponsabilidad avanza, las mujeres siguen asumiendo la mayor parte del cuidado de hijos y mayores.
Del titular viral al dato real
Circula con frecuencia la afirmación de que "el 90% de las mujeres en la pública están de baja". Un análisis de los números lo desmonta: si las mujeres suponen el 62-65% de los días de baja, el titular correcto sería que el 90% de las bajas las causan mujeres, no que el 90% de las mujeres estén de baja. La diferencia es de un orden de magnitud. Quienes defienden que hay un abuso señalan que en sectores como la construcción (mayoría masculina) el absentismo es mucho menor, mientras que en servicios (mayoría femenina) se duplica. Otros recuerdan que los hombres sufren más accidentes laborales, pero las mujeres acumulan más bajas por enfermedad común.
La discusión sobre si las bajas femeninas responden a condiciones de salud reales o a un presunto "fraude" choca con un hecho: la inspección médica no suele perseguir estos casos con la misma intensidad que en la empresa privada. Mientras tanto, la tentación de reducir el debate a un cliché —"todas las mujeres fingen"— oculta la complejidad de un sistema que castiga por igual a quien realmente necesita la baja y a quien la usa como escapatoria. El dato que descoloca es que, pese a la brecha, la productividad en el sector público sigue siendo comparable a la privada en muchos organismos. Algo no cuadra, y el silencio oficial lo agranda.