5.000 muertes por calor: el verano que batió todos los récords
El mar a 30 grados a 30 metros de profundidad frente a Cabo de Gata no es una foto turística: es el termómetro de un verano que se ha llevado por delante 5.000 vidas. El verano de 2026, el más extremo desde que hay registros, ha dejado una cifra de muertes prematuras asociadas al calor que supera todas las previsiones.
El sistema MoMo, que monitoriza la mortalidad diaria a través del Instituto de Salud, apunta a que la mayor parte de las víctimas son mayores de 65 años. Y aquí surge el debate que incomoda: mientras unos consideran que hay un factor de negligencia individual, otros sostienen que la causa estructural es el cambio climático y la falta de adaptación de las ciudades. La discusión se ha centrado en si llamarlo “Estado” o “España”, pero la cuestión de fondo es económica: el coste sanitario, la pérdida de productividad y la presión sobre las pensiones.
Algunas voces han calculado que cada ola de calor resta años de contribución al sistema, un argumento que roza el cinismo pero que ya se abre paso en los análisis de sostenibilidad fiscal. Mientras tanto, los instructores de buceo del Levante almeriense se bañan sin neopreno en un mar que parece el Caribe.
¿Quién pagará la factura de estas 5.000 muertes? ¿Las arcas públicas vía sanidad y pensiones, o las familias que entierran a sus mayores?