la última generación numerosa ha arribado a la crisis de los 40; la anterior, aún más numerosa, son jubilados. Bajo poder adquisitivo y privatización pogre de los espacios comunitarios.
La crisis hizo que una generación llegara mal y tarde al mundo laboral y sus salarios no han seguido el ritmo de la inflación.
Pero hay dos giros trascendentes, creo yo, en ese clima desolado que el OP expone:
a) cuando se implementó el algoritmo de priorización de intereses. Las redes sociales dejaron de ser sociales y se convirtieron en cámaras de eco con un funcionamiento tipo secta.
b) cuando cambiaron los requisitos de monetización y se pasó a priorizar la retención y visualización sobre el número de seguidores, originando una oleada turística de contenidos alarmistas, que desmoralizan a la sociedad civil y sabotean su organización sobre bases reales. El alarmismo y la sensación permanente de catástrofe es el estilo mainstream en Internet y el que mueve toneladas de dinero. Con la IA salen como churros.
c) cuando las grandes tecnológicas, antes proge, se aliaron con el movimiento MAGA (ambas son formas del mismo puritanismo; su cara pequeño burguesa ilustrada y su cara alto burguesa y belicista)
Así que la culpa de la soledad no es del "feminismo" solamente, sino de la infraestructura tecnológica en el que nos movemos, donde el pensamiento organizado se ve impotente. De hecho, durante el ciclo feminista la sociedad estaba mucho más sensual que ahora (las denuncias por abusa, sola y borracha quiero volver a casa y demás vienen de ese clima fiestero), además de ser la vida mucho más barata. Los bajos tipos de interés de Draghi contribuyeron mucho a los años sarracena, ahora refugiados en eso que llaman La Séptima.
A partir de la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, la agenda de Washington, antes circunscrita a rincones marginales de Internet, se impuso sacando tajada de los encierros. Movida por la estética warrior e individualista, la masculinidad pegó un pendulazo hacia una estética neo conservadora de contención emocional y control, enemiga de cualquier contracultura o espíritu dionisiaco. Cualquiera que navegue por el complejo entramado de canales de Internet ligados al mundo neocon (finanzas personales, mindfullness, nutrición, historia, actualidad política...) percibirá algo: su profunda asensa.
Solo una década atrás, Internet era un mundo de foros, blogs, intereses peculiares y páginas de contenido para adultos. Un lugar erótico festivo cargado de buen rollo, Pero su corporativización lo ha convertido en un lugar victoriano, donde lo único que importa es crecer a interés compuesto y no seguir modelos en Instagram.
Hoy en día, una mujer en Internet tiene más posibilidades de ser insultada que halagada o deseada. Nunca creía que vería tal cosa. Cuando ya no se venera lo femenino, por muy engañoso que sea, qué queda?
Pero bajo ese aspecto impersonal, de luces Led, cosas que nadie te cuenta, flores de plástico, muebles de Ikea y micrófonos para hacer videollamadas (el caso es no verse y no tocarse nunca) están las fotos de Epstein, el exterminio masivo en Gaza al ritmo de la macarena, el saqueo de América Latina a manos de predicadores Evangelistas que explotan la ignorancia y la pobreza, la guerra comercial sobre Europa, el desprecio ecológico y el señalamiento del pobre, el extranjero como chivo expiatorio. Un mundo que se nos quiere presentar insistentemente como hostil, apocalíptico y plagado de amenazas, para que no veamos que somos más pobres porque los de arriba cada vez reparten menos.
Esto, en catastrófico maridaje con la Escuela Austríaca (que ampara la falta de fiscalización bajo el nombre de libertad y el egoísmo extremo como antídoto para todo) ha desplazado la ternura y la empatía como algo demodé e incluso boomer, sustituyéndolos por métricas, optimización y reducir costes o morir. Mientras, las bombas caen sobre Irán pilotadas por una administración de adolescentes y el precio del barril se dispara, crispando más la sociedad e iniciando un ciclo de malestar y violencia, sabiamente avivada por la furiosa demagogia derechista aliada de Israel; Estado etnocéntrico cuyo único objetivo es aniquilar todo aquello que se les oponga.