calzonazos
Madmaxista
Tengo 37 años y, últimamente, siento que todo se ha vuelto irremediablemente aburrido y monótono. Escribo esto aquí porque necesito soltarlo y sé que muchos en el foro vais a entender exactamente de qué hablo.
Me descubro extrañando, de una forma casi dolorosa, cómo era la vida hace apenas 10 años. Salías, conocías gente, coqueteabas de forma natural. Tenías colegas y siempre había planes. Todo tenía una luz distinta, como un amanecer constante. Tengo un gran "debe" en mi historial: mis años de universidad. Estuve demasiado centrado en la carrera, no los aproveché socialmente y eso se quedará ahí. Sin embargo, con 25 años me encontré con una libertad que nunca había tenido y dinero en el bolsillo. Lo aproveché y lo aproveché bien. Pero hoy miro atrás y todo eso parece de otra vida.
¿Qué nos ha pasado? Para empezar, el muro económico. Vivimos en una estanflación de manual que nos ha ahogado a todos. Antes salir, invitar o improvisar un plan era lo normal; hoy todo está tan caro que el ocio se ha convertido en un lujo. Ya no hay "dinero en el bolsillo" que valga para la clase trabajadora. La economía actual no da para más que comprarte unas pipas y sentarte a comerlas en un banco de la plaza. Esa falta de horizontes nos ha encerrado en nosotros mismos.
Y en ese encierro, las pantallas nos han dado la estocada final. El individualismo es atroz, pero lo del mercado del ligue es llamativo. La hipergamia siempre ha existido, pero las redes sociales la han amplificado. Instagram y las apps de citas han creado un escaparate global donde la atención y la validación son infinitas. El coqueteo orgánico de hace 10 años ha cambiado porque ahora compites contra cientos de notificaciones en su bolsillo. Si no estás en la cúspide de la pirámide, pasas desapercibido. Hemos transformado las relaciones en una mezcla de envidias, expectativas irreales, apatía y soledad.
Salgo a la calle y el panorama es desolador, parece una simulación. Solo veo grupos de chavales de 15 años, todos con la misma sudadera zaina. Las chicas por un lado, los chicos por otro. Cero interacción, cero acercamientos. El resto de la gente va pendiente del móvil, haciendo un scroll infinito en TikTok o Instagram. Llenándose el cerebro de dopamina barata de 15 segundos mientras la vida real se les pasa por delante sin que se enteren.
Todo se ha convertido en una copia de una copia de una copia. Nos han robado la chispa y nos han dejado un sucedáneo gris, carísimo y solitario. ¿Soy el único que lo ve así?
Me descubro extrañando, de una forma casi dolorosa, cómo era la vida hace apenas 10 años. Salías, conocías gente, coqueteabas de forma natural. Tenías colegas y siempre había planes. Todo tenía una luz distinta, como un amanecer constante. Tengo un gran "debe" en mi historial: mis años de universidad. Estuve demasiado centrado en la carrera, no los aproveché socialmente y eso se quedará ahí. Sin embargo, con 25 años me encontré con una libertad que nunca había tenido y dinero en el bolsillo. Lo aproveché y lo aproveché bien. Pero hoy miro atrás y todo eso parece de otra vida.
¿Qué nos ha pasado? Para empezar, el muro económico. Vivimos en una estanflación de manual que nos ha ahogado a todos. Antes salir, invitar o improvisar un plan era lo normal; hoy todo está tan caro que el ocio se ha convertido en un lujo. Ya no hay "dinero en el bolsillo" que valga para la clase trabajadora. La economía actual no da para más que comprarte unas pipas y sentarte a comerlas en un banco de la plaza. Esa falta de horizontes nos ha encerrado en nosotros mismos.
Y en ese encierro, las pantallas nos han dado la estocada final. El individualismo es atroz, pero lo del mercado del ligue es llamativo. La hipergamia siempre ha existido, pero las redes sociales la han amplificado. Instagram y las apps de citas han creado un escaparate global donde la atención y la validación son infinitas. El coqueteo orgánico de hace 10 años ha cambiado porque ahora compites contra cientos de notificaciones en su bolsillo. Si no estás en la cúspide de la pirámide, pasas desapercibido. Hemos transformado las relaciones en una mezcla de envidias, expectativas irreales, apatía y soledad.
Salgo a la calle y el panorama es desolador, parece una simulación. Solo veo grupos de chavales de 15 años, todos con la misma sudadera zaina. Las chicas por un lado, los chicos por otro. Cero interacción, cero acercamientos. El resto de la gente va pendiente del móvil, haciendo un scroll infinito en TikTok o Instagram. Llenándose el cerebro de dopamina barata de 15 segundos mientras la vida real se les pasa por delante sin que se enteren.
Todo se ha convertido en una copia de una copia de una copia. Nos han robado la chispa y nos han dejado un sucedáneo gris, carísimo y solitario. ¿Soy el único que lo ve así?
