Restricciones de agua en Galicia: el invierno más lluvioso no bastó
En pleno agosto, los municipios de Pontevedra y A Coruña han impuesto restricciones de agua. Nada de piscinas ni jardines: solo lo imprescindible. Y eso, tras el invierno más lluvioso en décadas. La Xunta ha activado la alerta en 32 ayuntamientos, con prealerta en cerca de 60 más. El dato de fondo: 8 de cada 10 concellos gallegos están ya con algún nivel de aviso.
Las causas oficiales: falta de lluvias en verano, consumo disparado por el turismo y altas temperaturas. Pero el debate va más allá. Los escépticos apuntan que los embalses están por encima de la media de los últimos años y sospechan que el agua se ha soltado deliberadamente. Otros recuerdan la paradoja estructural de la España verde: pocos embalses de regulación porque llovía casi siempre, así que en cuanto llega un verano seco, la infraestructura no da abasto.
La Confederación Hidrográfica ha ordenado además el desmontaje de plataformas recreativas en el río Miño, lo que refuerza la teoría de que la gestión se mira más que la previsión. Lo único seguro es que el agua ya no se da por hecho en Galicia. Tras el invierno más lluvioso en décadas, el grifo se seca en verano. Explicaciones, todas; respuestas únicas, ninguna.