El pop de los 2000: de la fórmula de Stargate al dembow del algoritmo
En 2001, dos canciones que nunca llegaron al número uno del Billboard compartían algo más que los últimos minutos: productor, estructura y un truco de manual. «It's Gotta Be You» y «Overprotected» sonaban a lo mismo porque eran lo mismo. La paradoja: el pop prefabricado de entonces exigía más oficio que la mayoría del reggaeton de ahora, que ni siquiera necesita key change para venderse.
El ADN común de Britney y los Backstreet Boys
Stargate, el dúo formado por Mikkel Eriksen y Tor Erik Hermansen, estaba detrás de ambas. La fórmula era tan simple como eficaz: subida de tono en el último minuto, coro repetido hasta la extenuación y ad-libs de manual. Quien escuchaba la radio en 2001 lo sabía; la industria reciclaba esquemas como quien recicla guano, con la misma estructura y distinta cara.
De la factoría sueca al dembow de tres acordes
Max Martin lleva 25 años construyendo hits sobre cuatro acordes y una melodía que se clava. Scott Storch, en cambio, usaba la pausa brusca y la explosión final, como demuestra «Fighter» de Christina Aguilera. El reggaeton prescinde de todo eso: una base rítmica, un gancho y producción plana. No es casualidad que Boney M, con Frank Farian al mando, sentara las bases del producto prefabricado hace medio siglo. Lo que cambia es la densidad musical.
Con esa herencia, la pregunta incómoda es otra: si el algoritmo premia el clic inmediato, ¿alguien necesita una melodía que no se te olvida? Aparentemente no. Y eso se nota.