¿Cuánta ventaja necesita Argentina para ganar una final?
Ayer, con dos goles anulados a España y una roja que nunca llegó, el equipo de Scaloni lo intentó todo. Pero la selección española ganó igual. El marcador final, un 1-0 que supo a poco, escondió un partido en el que la albiceleste empleó todos los recursos extradeportivos a su alcance.
Los dos goles anulados: ¿errores o tendencia?
El primero llegó tras una jugada en la que el árbitro interpretó falta donde no la había. Los repeticiones mostraron contacto mínimo, insuficiente para anular. El segundo, un gol de cabeza que el VAR invalidó por fuera de juego del codo. La tecnología mostró una línea milimétrica que muchos consideran imposible de trazar con precisión. «La posición de un jugador viene dada por sus pies, no por el codo», fue uno de los argumentos más repetidos. La sospecha de manipulación de la imagen también planeó, al mencionarse que la captura se tomó cinco segundos después del toque.
La roja que nunca llegó
Argentina acumuló faltas duras a lo largo del partido: codazos lejos del balón, entradas sin intención de jugar. Según el reglamento, golpear a un rival sin disputar el balón es tarjeta, y si la intención es dañar, debería ser roja. Sin embargo, el árbitro esloveno no mostró ni una sola cartulina a los argentinos por estas acciones. España, paradójicamente, acabó el partido con cero tarjetas, a pesar de ser el equipo que más faltas sufrió. La diferencia de criterio fue tan evidente que muchos hablaron de un trato de favor sostenido durante todo el torneo, recordando el gol anulado a Egipto en semifinales.
La sombra del árbitro y el negocio FIFA
El colegiado no era suizo ni islandés, como algunos pedían, sino esloveno con un historial que algunos califican de polémico. En un debate que trasciende lo deportivo, se apunta a los intereses económicos de la FIFA: mantener vivo el partido hasta los penaltis habría sido un negocio redondo, pero España lo estropeó con un gol a última hora. La presencia de Donald Trump en la grada, disfrutando del espectáculo, añadió un toque surrealista a una final que ya de por sí parecía guionizada.
La paradoja Messi
Un detalle curioso que circuló tras el partido: Lionel Messi tiene nacionalidad española. Si aplicamos la lógica, el argentino también es campeón del mundo con España. La ironía no pasó desapercibida para quienes recordaron que muchos jugadores de la albiceleste se formaron en Europa, donde aprendieron un fútbol que luego desprecian cuando les conviene.
Al final, el marcador no miente. España fue superior en juego, en ocasiones y en orgullo. Ni dos goles anulados ni una roja perdonada bastaron para torcer el resultado. Como resumió un análisis: «España ganó 3-0, pero el árbitro quiso que solo fuera 1-0». A veces, ni el mejor libreto puede contra la realidad.