La leche sube a 1€ y el litro en polvo ya cuesta 0,70€
¿Cuánto cuesta realmente un litro de leche en España? La respuesta depende de dónde se mire, pero todas las cifras apuntan en la misma dirección: el litro de leche fresca de marca blanca se ha instalado en torno al euro, y la alternativa barata, la leche en polvo, también se ha encarecido. Un consumidor lo comprobaba en Mercadona: el paquete para siete litros pasó de 4,30 a 5 euros, lo que equivale a subir de 0,60 a 0,70 euros por litro. El problema no es solo el precio, sino la calidad: esa leche en polvo es desnatada y, según este comprador, «mucho peor que la fresca que está a 1,10€». La queja se extiende por cadenas y países: en Aldi o Dia la fresca refrigerada ronda los 1,07 euros; en Family Cash, 0,86; en Primaprix, la gallega Xoia a 0,90. En Holanda, dos litros de fresca sin marca cuestan unos 2,30 euros. La sensación dominante es que los precios no dejan de subir y nadie parece dispuesto a frenarlo.
El litro de leche fresca supera el euro en la mayoría de cadenas
La leche fresca de marca blanca se ha convertido en un producto de lujo encubierto. Hace unos meses, en Dia, el litro refrigerado entero estaba a 0,84 euros; ahora se encuentra a 1,08. En Aldi o Dia, la última referencia vista era 1,07. En Family Cash, 0,86. En Primaprix, la leche gallega Xoia a 0,90, y ya no hay más barato, ni marca blanca. La leche en polvo, que era el refugio de los presupuestos ajustados, también ha subido: de 0,60 a 0,70 euros por litro reconstituido en Mercadona. El diferencial con la leche fresca se ha estrechado, y la calidad, según los consumidores, no compensa: la en polvo es desnatada y de sabor pobre.
La subida no es un fenómeno español. En Portugal, la leche de pastoreo de Azores ha experimentado exactamente la misma escalada. En Holanda, dos litros de fresca sin marca están a 2,30 euros; la primera marca de oferta a 1 euro y sin oferta por encima de 1,40. La convergencia europea al alza es un hecho, aunque los precios absolutos varíen.
Por qué la leche no baja si la energía y el barril se han moderado
La pregunta que muchos se hacen es por qué la leche sigue subiendo cuando los costes energéticos y el petróleo han bajado. En España, la energía está entre las más baratas de Europa en los últimos meses, el barril de Brent ha caído y el euro se ha recuperado frente al dólar. Sin embargo, el precio en el lineal no refleja esas mejoras. La explicación que se apunta desde el consumo es que los márgenes empresariales se han ampliado y nadie quiere renunciar a ellos. «Aunque los costes de producción bajen a la mitad, los precios no van a bajar», sostiene un análisis repetido. La leche es un producto básico y la demanda es rígida: se puede recortar en otras cosas, pero la familia media sigue comprando leche.
Otra corriente señala que el problema es de oferta. Se ha machacado al sector primario durante años, con costes crecientes y políticas que han llevado al cierre de explotaciones. Ahora hay menos producción y la oferta y la demanda hacen el resto. El resultado es un mercado tensionado donde los ganaderos que quedan tienen poco margen para bajar precios.
El polvo como espejismo: más caro y de peor calidad
La leche en polvo se presentaba como la tabla de salvación para quien no podía pagar fresca. Pero el paquete de siete litros en Mercadona ya cuesta 5 euros, lo que sale a 0,70 por litro. Sigue siendo más barata que la fresca, pero la diferencia se ha reducido y la calidad es inferior: es desnatada y, según la experiencia de los compradores, «parece agua blanca y sin sabor». La leche fresca pasteurizada, por el contrario, sale a 1,25 euros en algunos lineales, pero al menos «sabe a vaca y deja la botella pringada de nata». La disyuntiva es clara: pagar más por sabor o ahorrar renunciando a él.
La subida también afecta a otros básicos. El pan, los huevos, la carne y las frutas y verduras siguen la misma tendencia. Hay quien ha dejado de comprar leche directamente y ha sustituido el torrefacto con leche por torrefacto americano. Otros han reducido el consumo de pan y aseguran haber adelgazado. La cesta de la compra se ha convertido en un ejercicio de renuncia.
El malestar social y la desconfianza en las estadísticas
La indignación no es solo por el precio. También por el relato oficial. Mientras los datos de inflación muestran una moderación, los consumidores perciben subidas cercanas al 40-50% en productos básicos. «Datos comunistas: inflación al 9%, datos reales: cercana al 40-50%», resume una opinión extendida. La desconfianza hacia el INE y hacia las cifras del gobierno es profunda. Se critica que se anuncie a España como el país con menos inflación de Europa cuando la realidad del supermercado dice lo contrario.
El enfado se dirige también hacia los empresarios y los políticos. Se habla de «cabrones ladronazos» y de «empresarios que nos cuentan milongas». La sensación es que nadie defiende al consumidor y que las subidas se aplican de forma sibilina, semana a semana, sin que haya respuesta social. Algunos proponen boicotear la compra de leche durante un par de semanas para forzar una bajada, pero el escepticismo es alto: «como somos basurilla sin valor nos joderemos y nos darán por culo a placer».
La leche ha subido, sí. Pero lo que realmente se ha encarecido es la confianza en que alguien, en algún sitio, esté dispuesto a ponerle un límite. Mientras tanto, el carro de la compra sigue llenándose con menos productos y más quejas.