No es solo hipergamia: los números de la soledad masculina en España
¿De verdad hay menos mujeres que hombres en España, o es que el mercado está mal montado? La queja del hombre medio —ni guapo ni feo, entre 30 y 55— tiene una mitad de dato y otra de relato. Y conviene separarlas antes de empezar a culpabilizar al individuo.
El desequilibrio demográfico real: medio millón, no 800.000
Entre los 20 y los 44 años España tiene 15.061.551 personas: 7.779.995 hombres frente a 7.281.556 mujeres, según los datos de población de referencia. El desfase real ronda el medio millón, no los 800.000 que circulan por ahí. Y se corrige con la edad: pasados los 35, los registros quedan casi parejos, hasta el punto de que en zonas como Valencia sobran mujeres en esos tramos. La inmigración que llega sola, eso sí, es abrumadoramente masculina —en torno al 70%—, y aprieta la competencia justo en la franja de entrada.
Grupos cerrados y apps con tres hombres por mujer
El segundo frente no es cuánta gente hay, sino cómo se accede a ella. Buena parte de las relaciones se cuecen en círculos de amigos, trabajo o familia; fuera de ese ecosistema, el desconocido es invisible. El atajo digital tampoco salva: en aplicaciones tipo Tinder o Bumble la proporción ronda los tres hombres por cada mujer, con un reparto de atención brutalmente desigual. El resultado es un mercado donde el esfuerzo no se reparte, se concentra.
No falta quien tira de ciencia para ilustrarlo. El experimento Universo 25, del estadounidense John Calhoun, encerró a una colonia de ratones en un paraíso con comida y espacio de sobra. Pasados 315 días, la reproducción empezó a desplomarse. La metáfora se ha vuelto un clásico para hablar de sociedades saturadas. Tiene su gracia. Y su trampa.
Lo que sí depende de uno mismo
Queda la vía que no sale en los censos: ampliar el círculo por hobbies o actividad física dirigida, donde la gente coincide con desconocidos sin que resulte raro. Ahí los datos no ayudan ni estorban; solo la constancia. El problema es que exige tiempo, y el tiempo es justo lo que el relato del déficit demográfico te ahorra.
Al final, la respuesta más honesta es incómoda: hay menos mujeres en los tramos jóvenes, sí, pero el grueso del problema es de arquitectura social. Unos se consuelan con el déficit y otros con el gimnasio. Ninguno de los dos aprueba el examen.