La teoría de los nazis en la Luna ya tiene a Trump, Obama y Nixon en el ajo
Adolf Hitler no murió en 1945: ascendió a los cielos como profeta europeo y ahora dirige una facción desde la Luna. Es la última iteración de una narrativa conspirativa que circula con fuerza en las redes y que ha acabado arrastrando a medio espectro político, de Donald Trump a Barack Obama, pasando por el club Bilderberg.
La geografía del complot se ha ido refinando. Hay quien concreta que el cuartel general está en la Luna de Valencia, mientras otros recuerdan que el hombre jamás llegó a nuestro satélite — un detalle que no parece importar a los creyentes. La lista de presuntos colaboradores incluye a Richard Nixon, a facciones de la élite europea e incluso a Chris Melon, el músico de Smashing Pumpkins, que habría dejado pistas en su famoso álbum “Mellon Collie and the Infinite Sadness”. La maleta de los rumores no escatima en nombres: hasta se especula con que ciertos políticos españoles podrían ser clones de la facción nazi.
El fondo del asunto, visto con distancia, es una mezcla de miedo a las élites y cultura pop. La teoría actualiza el mito de la “Vril” y las bases secretas en la Antártida, pero lo digitaliza: ahora los nazis luchan contra la Agenda 2030 y, según algunos, Trump es en realidad el único dirigente que les hace frente. Otros, con más ironía, concluyen que “los que están en la Luna son muchos de los que están en la Tierra”.
Con semejante mezcla de referencias, lo único previsible es que esta conspiración seguirá mutando. Pero no porque acumule pruebas, sino porque el miedo a las élites es un combustible que nunca se agota. Y la Luna, que jamás pisamos, sigue siendo el lienzo perfecto para proyectar todos nuestros miedos.