El mapa de fenotipos europeos que divide a España por caras
Un mapa que clasifica los rasgos faciales de
Europa, el norte de África y Oriente Medio ha bastado para reabrir una discusión que se creía enterrada: la de si los españoles del norte y del sur se parecen en algo. La respuesta, según el material que circula, es que no. El mapa reparte fenotipos con nombres tan discutibles como «vasquid», «atlanto-mediterráneo» o «canarian», y lo hace con una precisión geográfica que muchos consideran inventada. La primera reacción ante el gráfico fue una negativa rotunda. La segunda, un «sal a la calle, anda».
Qué es un fenotipo y por qué el mapa no se sostiene
El término «fenotipo» designa el conjunto de rasgos observables de una persona: color de piel, pelo, ojos, forma del cráneo. El mapa que circula los agrupa por regiones y les pone nombres sacados de la antropología física del siglo XX. Ahí empieza el problema. Un análisis detallado del propio gráfico señala que la localización de cada tipo «no está basada en nada»: el fenotipo vasco no se limita al País Vasco, el canario sería una reconstrucción del habitante prehispánico y no del actual, y hay categorías que directamente faltan. La crítica más repetida es que cualquiera puede hacer un gráfico con cualquier imagen y cualquier contenido, sea cierto o no.
El norte de África que el mapa no enseña
La discusión más áspera llega con el norte de África. El mapa muestra fenotipos bereberes claros, con piel y ojos que no se corresponden con la población que efectivamente emigra a España. Varios mensajes sostienen que los marroquíes que llegan proceden sobre todo del norte del país, de la zona del Rif, y que también allí la población está «negrizada»: uno de cada treinta, como mucho, respondería al prototipo claro. Otros defienden que la mezcla es gradual de norte a sur y que el mapa sí recoge ese gradiente. La discrepancia no se resuelve: unos piden estudios de campo y otros responden que el campo ya lo conocen.
El canario, el extremeño y el castellano: tres casos que se repiten
Tres ejemplos concretos concentran el desacuerdo. El primero, Canarias: se afirma que un canario es mezcla de aportes norteafricanos, portugueses y normandos, y que esa suma de sangre del norte lo ha aclarado respecto al andaluz. El segundo, Extremadura: se sostiene que el mapa la ha emparejado por error con Castilla-La Mancha cuando su afinidad real estaría con Portugal. El tercero, Castilla: se llega a afirmar que la sangre semítica «aflora en demasía» y que de ahí vienen los males históricos del país, una tesis que se apoya en un blog sin más aval que su propia afirmación.
La trampa de la cara media
El argumento más técnico contra estos mapas es visual. Cuando se superponen cientos de rostros para obtener una cara promedio, el resultado siempre es más armónico que la media real de la población. El mapa puede acertar en color de pelo, de ojos, tipo de labios o índice cefálico, pero induce a pensar que en España, Sicilia o Anatolia todas las mujeres son guapas. No lo son. La cara media es un artefacto estadístico, no un retrato representativo. Y esa distinción, que parece menor, desmonta la utilidad del gráfico como herramienta descriptiva.
El trasfondo: quién es blanco y quién no
Debajo del mapa hay una pregunta incómoda que nadie formula en voz alta: qué porcentaje de población «blanca pura» hay en cada país europeo sin contar inmigrantes, mestizos ni gitanos. La pregunta se lanzó con una lista de más de treinta estados, de Albania a Islandia. Nadie la respondió con datos. Lo que sí aparece es la constatación de que el mapa se usa como herramienta de clasificación identitaria, no como documento científico. Y que en esa función, la de decir quién es más o menos europeo, es donde el gráfico resulta más eficaz y más peligroso.
La discusión de fondo no es antropológica. Es sobre si tiene sentido seguir midiendo cráneos con nombres inventados. El mapa seguirá circulando porque las caras siempre venden. Lo que no hará es resistir un examen serio. Y eso, en un país donde cada uno se cree del norte, tiene su gracia.