Vox rozaría los 70 escaños y el 19% de los votos, según sondeos difundidos en la jornada electoral
¿Qué pasa si la encuesta que todos esperaban se queda corta? Los sondeos publicados en la jornada electoral sitúan a Vox en hasta 70 diputados, con un 18,8% de los votos, el doble de los 33 que obtuvo en las últimas generales. La cifra, que llega después de una campaña en la que el partido ha capitalizado el desgaste del Gobierno, ha reabierto el debate sobre la fiabilidad de los sondeos y sobre el suelo real del bloque de la derecha. El dato no es menor: si se confirma, el partido de Abascal pasaría de ser un socio incómodo a una pieza imprescindible para cualquier mayoría.
El 18,8% que cambia el tablero
La proyección de 70 escaños con un 18,8% de los votos no es una extrapolación de un solo sondeo. Es la horquilla alta que manejan varias encuestas publicadas en la misma jornada, y coincide con el escenario que muchos analistas venían describiendo desde hace semanas: un trasvase de votos del PP hacia Vox en las provincias donde la derecha se juega los últimos escaños. El cálculo no es lineal. La ley electoral premia la concentración del voto, y ahí Vox juega con ventaja en circunscripciones medianas donde el reparto por restos favorece a la tercera fuerza.
Hay quien sostiene que el 18,8% es un techo coyuntural, inflado por el voto útil de quienes quieren castigar al Gobierno sin pasar por el PP. En contra pesa el argumento de que la tendencia no es nueva: el partido lleva meses subiendo en todos los trackings, y el efecto de la campaña no ha hecho más que consolidar ese suelo. La comparación con los 33 escaños actuales es el dato que más se repite en los análisis: doblar representación en una sola legislatura no es habitual en la política española reciente.
¿Por qué el voto a Alvise se considera un voto perdido?
Porque la ley electoral castiga la dispersión. El ejemplo que más circula estos días es el de PACMA: en las últimas generales sacó en toda España los mismos votos que el PNV en el País Vasco, y se quedó con cero escaños frente a los cinco de los nacionalistas. La concentración del voto en una sola candidatura es lo que decide el reparto final, y por eso los partidos pequeños con voto repartido por el territorio acaban fuera del Congreso aunque sumen cifras respetables.
Ese es el argumento que se esgrime contra las candidaturas que compiten por el mismo espacio. En el caso de la derecha, cada voto que se va a una formación minoritaria es un escaño que se pierde en la provincia donde ese voto estaba concentrado. La aritmética no perdona: un diputado cuesta, en una circunscripción media, entre 30.000 y 40.000 votos, y esos márgenes se deciden por unos pocos miles de papeletas.
El PP y la tentación de la mayoría absoluta
La otra lectura del dato es la que afecta al PP. Con Vox en 70 escaños, la mayoría absoluta del partido de Feijóo se vuelve aritméticamente más difícil, y eso abre dos escenarios: un gobierno de coalición con Vox, o un gobierno en minoría que dependa de apoyos puntuales. Hay quien sostiene que al PP le conviene la segunda opción para no quemarse en el Gobierno, y quien responde que gobernar en minoría con Vox al acecho es la forma más rápida de desgastarse sin haber tocado poder real.
El debate sobre los ministerios que Vox podría reclamar también ha entrado en la conversación. Se especula con carteras de perfil bajo —Caza, Pesca, Toros— frente a la tesis de que un partido con 70 escaños debería exigir Vicepresidencia, Justicia e Interior. La discusión no es menor: la composición del Consejo de Ministros es la señal más clara de quién manda de verdad en una coalición.
El trasfondo social que las encuestas no miden
Más allá de los números, la conversación ha derivado hacia el clima social. Hay quien describe un cambio generacional en los institutos, con discursos de extrema derecha normalizados entre adolescentes, y quien responde que ese fenómeno es minoritario y amplificado por las redes. La anécdota que más se repite es la del sobrino que llega a casa con consignas que no entiende, y el diagnóstico que se hace desde distintos ángulos es el mismo: hay un voto joven que se está moviendo sin que los partidos tradicionales hayan sabido leerlo.
En el otro extremo, la preocupación por la convivencia en los centros con alta proporción de alumnado migrante aparece en varios mensajes, siempre desde la experiencia personal y sin datos que la respalden. Es el tipo de testimonio que las encuestas no capturan y que, sin embargo, está en la base de muchos de los cambios de voto que los sondeos sí registran.
Con estos mimbres, lo razonable sería esperar una noche electoral larga. Lo que no está escrito es si el 18,8% es el suelo o el techo. Y esa, aunque moleste, es la única pregunta que las encuestas no responden.