Sánchez y el 24-D: el escenario que ya se da por hecho
¿Puede un presidente perder dos decretos en el Congreso y salir reforzado de las urnas? La tesis que circula entre analistas y observadores es que sí, y que el 24 de diciembre Pedro Sánchez volverá a ser investido. El argumento no es sentimental: es aritmético.
400.000 votos del extranjero susceptibles, según los críticos del sistema, de ser colocados en provincias clave donde un puñado de actas decide mayorías. A eso se suma una oposición que, en palabras de varios comentaristas, no deja de pegarse tiros en el pie.
El relato del superhombre y la moral propia
La descripción que se hace del presidente no es la de un gestor: es la de un animal político que
mide los tiempos, coloca a su gente y controla la narrativa. Se le atribuye una moral propia, al margen del manual, y una capacidad de resistencia que sus adversarios no logran igualar. Quienes sostienen esta lectura le ven como el hombre en España de los poderes financieros internacionales, con un vínculo que se remonta a sus años en Yugoslavia. La consecuencia, según este análisis, es que con Sánchez en el poder esos poderes saben que España puede trocearse y degradarse sin oposición material a sus planes plutocráticos.
Es una tesis dura, y conviene tratarla como lo que es: una interpretación política, no un hecho probado. Pero explica por qué muchos dan el resultado por descontado antes de que se abran los colegios.
La calle como herramienta de presión
El segundo pilar del escenario es la calle. Se prepara un otoño caliente con dos patas: por un lado, colectivos subvencionados que responden a intereses de partido; por otro, sindicatos de vivienda que, según esta lectura, actúan como agentes de Soros. La coincidencia temporal con el calendario electoral no es casual para quienes defienden esta tesis: la presión social forma parte del guion.
El detalle que se subraya es que la protesta no busca cambiar una política concreta, sino
instalar un clima. Y en un clima, la oposición se mueve peor que el Gobierno.
La falsa oposición y el debate que no llega
El tercer elemento es la oposición. La descripción que se hace de ella es la de un rival que se dispara en el pie con regularidad. En el debate electoral de 2023, según varios observadores, el candidato del PP quedó retratado y el presidente se lo comió. La predicción para el próximo cara a cara es idéntica: si Feijóo acepta, se verá superado; si se niega, quedará como el cobarde que no merece ser presidente.
Hay quien añade que los debates ya no interesan a casi nadie. Puede ser. Pero el marco del cobarde se instala igual.
Con estos mimbres, la pregunta no es si Sánchez gana, sino cuánto margen tendrá para hacer lo que ya hace. Y si alguien esperaba que las urnas corrigieran el rumbo, la ironía es que probablemente lo confirmen.