Montero no saca ni un escaño y PP-VOX acarician los 200, según un análisis que circula
Los últimos sondeos, con muestras recogidas entre el 28 y el 31 de octubre, dibujan un escenario electoral que deja a la izquierda a la defensiva y a la derecha a un paso de la mayoría absoluta. El análisis que circula, que según su autor ya incorpora el efecto del accidente ferroviario de Urda, otorga a PP y VOX cerca de 200 escaños, mientras que la formación de Irene Montero se quedaría fuera del Congreso. Un resultado que, de confirmarse, obligaría a la exministra de Igualdad a buscar acomodo fuera de la política institucional.
El dato más llamativo no es tanto la subida de la derecha como la caída de la izquierda. En apenas una semana, el bloque de izquierdas perdería unos cinco escaños, mientras que el bloque de derechas ganaría tres, y los dos restantes se irían al «resto». Una sangría que afecta especialmente a los partidos a la izquierda del PSOE, que ven cómo su espacio se estrecha entre la canibalización socialista y la irrelevancia.
Los borricos del PSOE siguen sin votar al PSOE en su mayoría, pero el trasvase de votos castiga a los socios minoritarios.
El efecto de los trenes
El accidente ferroviario de Urda, con 69 muertes, ha entrado de lleno en la campaña. La encuesta, realizada en los días inmediatamente posteriores, recoge un castigo a la gestión del Gobierno que se traduce en una fuga de votos hacia la derecha. Hay quien sostiene que el votante socialista es impermeable a estas tragedias y que en cuanto se agite el miedo y se prometa dinero público volverá al redil. Pero el cálculo más pesimista para Ferraz apunta a que el daño es mayor:
ya no es mala suerte, es dejadez y lo saben.
La campaña socialista, diseñada bajo el lema de «la fuerza del amor», ha quedado sepultada por la realidad. Con 69 fallecidos, el optimismo burdo resulta contraproducente incluso para los votantes más fieles. El Gobierno necesita que pasen los días y que las medidas paliativas difuminen el recuerdo del accidente. Quedan 27 días para las elecciones, una eternidad en política, y nadie descarta un giro de última hora.
El espejismo de los 200 escaños
La cifra de 200 escaños para PP y VOX es recibida con escepticismo en amplios sectores. Para alcanzarla, VOX debería superar al PSOE en varias provincias, algo que no se ha visto ni en las encuestas más optimistas. El cálculo, según quienes lo cuestionan, se ha hecho con una regla de tres sobre los escaños, un método que no funciona en un sistema electoral provincializado.
Solo hay que mirar los mapas de provincias, señalan las voces más críticas.
Aun así, rozar los 180 escaños no es descabellado. El desgaste del PSOE en comunidades como Andalucía y Madrid, unido al desastre ferroviario y a la crisis de Ceuta, empuja a muchos votantes a buscar una salida por la derecha. La izquierda solo se sostiene con fuerza en Cataluña y el País Vasco, mientras que el resto del mapa se inclina hacia el PP. La suma de PP y VOX supera claramente a la izquierda en la mayoría de las autonomías.
El futuro de Irene Montero
La posible desaparición de Irene Montero del Congreso es uno de los puntos que más comentarios genera. Su salida de la política institucional dejaría un hueco en la izquierda radical que Podemos no parece capaz de llenar. La formación morada se enfrenta a un proceso de irrelevancia similar al que vivió Ciudadanos, víctima de sus propios egos y de la manipulación de sus socios.
Rufián los ha manipulado como a simples marionetas, apuntan desde la bancada morada.
Mientras tanto, la exministra de Igualdad mantiene su acta de eurodiputada, un cargo que le reporta 135.000 euros brutos anuales, más que el propio presidente del Gobierno. Esa posición le permitiría seguir cobrando sin necesidad de buscar trabajo en un supermercado, como ironizan algunos. La política española tiene estas cosas: los que se van por la puerta de atrás suelen encontrar una puerta giratoria.
El votante que no cambia
El núcleo duro del PSOE, compuesto en gran parte por pensionistas y beneficiarios de ayudas públicas, parece resistente a los escándalos. Para ellos, el voto es una cuestión de identidad y de nómina a fin de mes. El accidente ferroviario no les afecta directamente porque no cogen el tren a diario. Pero los que sí lo hacen, los que cada mañana se suben al cercanías con el miedo en el cuerpo, pueden cambiar su voto o simplemente quedarse en casa. Ese es el verdadero peligro para Ferraz.
La política española se ha convertido en un péndulo que oscila entre el miedo y la promesa. Los sondeos, con todas sus limitaciones, anticipan un castigo severo al Gobierno y una posible mayoría absoluta de la derecha. Pero faltan 27 días y en este país todo puede pasar. Hasta que no se abran las urnas, la única encuesta que vale es la que se hace en la calle.