El hilo deja los decretos y se pelea por quién puede alquilar
La votación ya no le interesa a nadie. Con los decretos tumbados, el hilo se muda al mercado y se engancha en lo de siempre: quién alquila, a quién y por cuánto. Y ahí se lía.
Qué se ha sabido
Von Rudel se retrata solo. Se declara rentista y cuenta que ha
tapiado su casa hasta que gobierne el PP con Vox. Si el PP gobierna solo, dice, no saca un ladrillo de las ventanas. No es una cifra, es una postura, y resume el ambiente del tramo.
La política no se va.
va de un choque entre diputados de Podemos y Junts en el Congreso. A partir de ahí, Nefersen avisa: aunque Junts frenó el texto, el Gobierno se ha abierto a negociar otro decreto. La pesadilla no ha acabado, escribe.
capitan anchoa lanza la pregunta que sobrevuela las páginas: si todo esto es una cortina de humo para movilizar a la izquierda y sostener al presidente en unas hipotéticas elecciones anticipadas. Lian no se lo cree: no habrá adelanto. TAMBOR el conejo tampoco se traga ciertas lecturas.
MasZumbidos suelta un dato sin fuente: hay más votos de inquilinos que de propietarios. antimesita lo discute justo al revés: España sigue siendo un país de propietarios. VeteranoCobaya dice que todo depende de si Wall Street y el dólar se hunden. Ces25 deja caer un lema de tres palabras: construcción o gloria.
También hay quien mira al mapa. jpjp pide partidos nuevos en el País Vasco y Canarias y se queja de tibiezas. Antiparticula se lamenta de que ningún medio titulara el fracaso del decreto tal cual. duro negociador suma el día a la lista de fechas a celebrar. Y machote hispano recuerda que los récords de recaudación están ahí.
El Buho vuelve con su idea de siempre sobre el particular que aguanta mal el
alquiler. Gonzalor le responde que los que se bajen venderán o empadronarán a un familiar. Y HARLEY66 zanja con resignación, sin solución para nadie.
Dónde está la bronca
El choque del tramo es Gutiérrez que le veo contra Javier.Finance, y va de si una familia normal puede alquilar o no.
Gutiérrez sostiene que
una pareja con dos niños, siempre que sea solvente, no tiene problemas para encontrar piso. Dice que ese perfil es el inquilino ideal, porque busca colegio, echa raíces y se queda años. Y lo reta: que prueben a alquilar en Chamberí por
2.000 euros. «Tienes cola», escribe. Añade que basta llamar a un anuncio para ver con qué se encuentra uno.
Javier.Finance responde con su propia experiencia. Cuenta que una vecina rentista tenía un piso de
2.000 euros al mes y que una familia —el hombre, policía— no pudo pagarlo. El piso acabó alquilado por habitaciones, con gente entrando y saliendo cada dos por tres. Su tesis: el mercado se ha movido al alquiler de temporada, hecho con fraude de ley, y en abril cada uno a la calle. Lo empujan, dice, las agencias, que cobran comisión y suben precio cada año.
Gutiérrez no se mueve.
«Una cosa es lo que ves desde tu habitación y otra bien distinta es la realidad», responde. Y repite que el perfil solvente existe y abunda. Javier.Finance le contesta con la letra pequeña del propietario: IBI, comunidad y demás, que alguien tendrá que pagar.
Aquí también choca la salida. Un participante responde a la idea de soltar ladrillo con un rechazo tajante: que ya vendrá otro más listo a quedárselo, y luego vienen los lloros. Von Rudel añade su propia regla: hecha la ley, hecha la trampa. Y avisa de que muchos se declararán insolventes o montarán un chiringuito para no pagar.
Hay más frentes. Bobesponjista sostiene que el acceso al alquiler ya estaba agonizando y que no hacía falta ningún decreto para rematarlo. Despotricador lo resume: el daño ya está hecho y esto era la penúltima.
Qué cambia respecto a antes
El marco viejo se agota. Ya no se discute el calendario ni el montaje. Ahora se discute el día después, y tiene dos caras.
Una es política. Von Rudel no piensa mover sus pisos hasta que cambie el Gobierno, y hay quien da por hecho otro decreto. Gonzalor apunta que los que se bajen del mercado venderán o empadronarán a un familiar. Cerdo capitalista lo llama show de bajo nivel.
La otra es el mercado. Los que cuentan su caso hablan de habitaciones, de temporadas y de precios que una familia no alcanza. Los que defienden el otro lado, de cola y de solvencia. No se ponen de acuerdo ni en el diagnóstico.
Lo único nuevo y concreto es el temor a un texto antes de cualquier elección.
La pesadilla no ha acabado, escribe Nefersen. Nadie lo desmiente.