Del cambio de hora al fin de la jornada partida: el hilo se parte en dos
El hilo arranca con el huso y termina discutiendo si el tiempo existe. En medio, dos husos para la península, la jornada partida, los madrugadores y un vídeo de YouTube que alguien suelta para zanjar la discusión y que la enciende más.
40 mensajes entre el 12 y el 13 de octubre y ni un solo acuerdo.
Qué se ha sabido
Los datos duros del tramo son pocos y ya estaban sobre la mesa, pero alguien los vuelve a poner por escrito. Un participante recuerda que en Girona, en junio, el Sol sale hacia las
6:13 con horario de verano, así que a las
5:13 con el de invierno, y que en A Coruña en diciembre sale sobre las
9:00, que serían las
10:00 con horario de verano. Añade que ninguno de los dos fijos es gratis y saca a relucir un metaanálisis de
Manfredini y otros, de 2019, con
siete estudios y más de 115.000 personas, según el cual en las dos semanas posteriores al cambio de primavera los infartos suben alrededor de un
5%. Después del de otoño no hay diferencia. Lo de que adaptarse es trivial, dice, no se arregla llamando antisocial al que lo nota.
La propuesta más repetida es la del cambio progresivo: media hora el tercer domingo de octubre, otra media el tercer domingo de noviembre, y en primavera igual. Alguien la firma tal cual. Otro pide cambiar la hora una última vez solo media hora y no volver a tocarla nunca. Y un tercero pide dos husos distintos dentro de la península, aunque reconoce que a nivel político queda muy mal.
El vídeo entra aquí:
Va acompañado de un mensaje que sostiene que el cambio de hora de toda la vida es completamente normal y que el vídeo lo explica perfectamente.
Dónde está la bronca
El hilo se parte en dos desde el principio. Un bando dice que el problema no es la hora sino las leyes laborales: eliminar la jornada partida donde sea factible, empezar a las
7:00 y terminar a las
16:00 con una hora para comer, adaptar los horarios al Sol y a los ciclos circadianos. Y luego, si eso, ya hablamos del cambio de horario. El otro bando responde que eso es escurrir el bulto: que el cambio de hora beneficia a unos pocos a base de joder a todos, y que si tan bueno es, que lo hagan en horario laboral.
Aquí salta la bronca de verdad. Un participante cuenta que se levanta a las
4:00 todos los días laborables y que el lunes después del cambio le destroza. Le contestan que si tiene una vida social mínima, los fines de semana tendrá más vaivenes que una hora. Responde que el cambio se hace la madrugada del domingo al lunes. Le corrigen: es la madrugada del sábado al domingo. Y ahí se queda, con un «no sabes ni cuándo te lo cambian» que no recibe respuesta.
Hay quien sostiene que el horario actual es el perfecto, con sus dos cambios, y que quien crea lo contrario se vaya en octubre a centro Europa a ver a qué hora se pone el sol. Hay quien dice que le da igual la hora que sea, que lo que le jode es dormir una hora menos. Y hay quien directamente pasa de todo: que le da igual que sea de noche por la mañana, que lo que quiere es sol por la tarde para gastar menos luz en casa.
El tramo tiene también su ración de filosofía de barra. Un participante sostiene que el tiempo jamás ha existido y que el cambio de hora es un analgésico para que el ser humano olvide su condición de anomalía biológica. Le responden que eso mismo se lo diga a los que defienden el horario por ser lo natural. Y de ahí sale una discusión sobre si hay algo natural en esta sociedad, con un tercero preguntando quién decide qué es autoconciencia hipertrofiada y desde qué conciencia lo hace.
Hay un momento de mofa suave: alguien propone destruir los relojes y los husos horarios y que cada uno se rija por sus biorritmos, a ver si cuando el sol entre en la cueva nos desperezamos a cazar mamuts. Y otro suelta que en su taifa amanecería a las
3:00 y anochecería a las
23:00, y que el hilo es cíclico y aburridísimo.
También hay quien compara con Estados Unidos: que allí hay una hora en Nueva York y otra en Los Ángeles, y que no pasa nada. Y quien responde que no es lo mismo huso horario que cambio horario, que son dos cosas distintas y que el hilo las mezcla todo el rato.
Qué cambia respecto a antes
El asunto nuevo que entra con fuerza es la jornada partida. Hasta ahora el debate iba de husos y de cambio de hora; en este tramo se desplaza a las leyes laborales. La propuesta de eliminar la jornada partida y adaptar los horarios al Sol aparece repetida por varios participantes y se convierte en la condición previa para hablar de cualquier otra cosa. El cambio de hora queda como el síntoma, no como la enfermedad.
La predicción del cambio progresivo se mantiene viva: media hora en octubre, media hora en noviembre, y en primavera igual. Nadie la ha descartado y varios la firman.
Lo que no cambia es el tono. El hilo sigue partido, los madrugadores siguen cabreados, los trasnochadores siguen pidiendo sol por la tarde y el reloj, mientras tanto, sigue moviéndose dos veces al año.