Subir potencia en un piso de los 70: la trampa del boletín
Un piso con instalación de finales de los setenta, 2,2 kW contratados (10 A) y un contador inteligente desde hace más de una década. El propietario quiere pasar a 4,6 kW (20 A) y pregunta lo obvio: ¿me pedirán boletín y quién cambia el ICP físico? La respuesta corta es que nadie lo sabe hasta que la distribuidora —UFD, del grupo Naturgy, en su zona— diga cuál es la potencia máxima admisible que consta en su certificado. Y ahí empieza el problema.
Qué es el boletín y cuándo te lo exigen
El certificado de instalación eléctrica (CIE) se solicita cuando la potencia pedida supera el máximo que figura en el boletín vigente o cuando no hay ninguno registrado. En una instalación de hace casi medio siglo, ese máximo puede ser ridículamente bajo o directamente inexistente. La regla que circula con más insistencia: si el boletín tiene **más de 10 años**, te piden uno nuevo. Y con la normativa antigua se admite una ampliación de hasta el **50 %** sin tocar nada; por encima, toca actualizar al reglamento de 2002.
Traducido: pasar de 10 a 20 A en un cuadro viejo no es un trámite. Un instalador autorizado tendrá que revisar derivación individual, cuadro, interruptor general y sección de cables. Hay quien relata que renovar cableado y cuadro para que le concedieran la potencia le costó **unos 1.000 euros** en 2018. *Una juerga, hoyga*.
El cuadro aguanta, la duda está en el cable
Con un IGA de **25 A**, el cuadro soporta hasta **5,75 kW**, así que los 4,6 kW encajan de sobra. El cuello de botella no está ahí: está en la derivación individual y en lo que la distribuidora tenga anotado. Un detalle útil: con los cuatro circuitos existentes (iluminación, enchufes, cocina/horno y el cuarto húmedo), según un cálculo que circula en el hilo, el antiguo reglamento del 74 permitía hasta **5 kW**, así que el instalador podría no tener que ampliar el cuadro. Lo que sí conviene añadir son protecciones contra sobretensiones.
El ICP: puentearlo no es la solución
El propietario planea llamar a un electricista para que le saque el ICP y lo puentee con una regleta. Mala idea si se hace mal: por ahí pasa toda la corriente de la casa y una conexión floja es una fuente clásica de calentamiento. Si se elimina, que sea con cable de la misma sección y bien embornado en el cuadro, no con un apaño suelto. Aprovechar para revisar cables y diferencial en una instalación de los 70 no es celo profesional, es sentido común.
El atajo del coche eléctrico que no es un atajo
Circula la idea de justificar la subida con un certificado de punto de recarga de vehículo eléctrico para esquivar la actualización integral. La propia normativa permite que un punto de recarga real vaya en circuito nuevo desde el contador, pero no convierte en válida la instalación vieja del resto de la casa. Si no hay coche ni punto de recarga, el certificado es falso: el instalador se juega su habilitación y el titular puede tener problemas con el seguro si hay un incendio. No es un agujero reglamentario, es un papel que no se corresponde con la realidad.
Hay quien, en cambio, relata que tras cambiar el diferencial por uno superinmunizado, la empresa le pidió solo una foto del cuadro y le bastó para ampliar de 3,5 a 4,5 kW. La lotería administrativa existe. Y el lunes, la distribuidora dirá cuántos amperios tiene realmente autorizados.