Del error del operador a los 750 millones para Marruecos
El hilo llevaba dos páginas discutiendo quién dio la orden y a qué velocidad. Lo que lo ha hecho saltar es otra cosa:
La Razón publica este 29 de octubre que el Gobierno destinó más de 750 millones de euros a renovar trenes de Marruecos. A partir de ahí, la conversación deja de ir sobre un operador concreto.
Qué se ha sabido
La cifra de los
750 millones llega con medio y con fecha. Un forero la cruza con otra: los
mil millones de euros que, según su mensaje, se pagaron por la entrada de Iryo en la alta velocidad, con trenes que pesan más que los del AVE, y pregunta dónde se invirtió ese dinero. Otro resume la comparación en una línea: se manda dinero a los trenes de otro país mientras aquí se discute el mantenimiento.
Del lado técnico, alguien recuerda que se han hecho controles de drogas y alcohol a los controladores y que ellos se justifican con falta de personal: dicen que apenas pueden levantarse del puesto. Quien sigue las grabaciones al detalle insiste en que el operador tuvo dos ocasiones y las desaprovechó las dos, y en que no miró la pantalla que tenía delante. Es su lectura del audio, no un hecho establecido.
También se pegan dos vídeos de YouTube que nadie llega a diseccionar, y aparecen tuits de zasca y capturas cruzadas. Y sigue circulando la queja de la interventora de Renfe, sin verificación independiente.
Dónde está la bronca
Aquí el hilo se parte en tres, no en dos.
Los que cargan contra la gestión: la red se ha estirado más de lo que aguanta el mantenimiento. Un participante lo plantea como una infraestructura sobredimensionada que se ha quedado sin dinero para conservarse. Otro lo lleva al enchufismo: antes se colocaba al sobrino listo, ahora se coloca al que no hay dónde poner.
Los que cargan contra quien usa el accidente. Un forero responde que sin presupuestos aprobados solo se puede mantener lo existente y acusa a la oposición de aprovechar cada siniestro para echar tierra al Gobierno con un fallo humano que, a su juicio, está claro.
Y los que señalan a los dos, que son los que más se calientan. «A quien culpa al controlador le acusan de defender al gobierno, a quien culpa a la falta de mantenimiento le acusan de ser pepero que critica al gobierno. ¿Y los que culpamos a ambos factores?», escribe uno. Su tesis: no hacen falta presupuestos para usar el dinero que Bruselas dio para mantenimiento, y sin embargo se ha mandado dinero a trenes de otros países.
El argumento que más se repite es el de los semáforos: apagar todos los de una ciudad y culpar después a los conductores de los choques. La variante técnica la pone otro forero en tres pasos: sin fallo del sistema de seguridad no hay error humano posible; si el tráfico está diseñado para ese sistema, su caída hace probable el error; y si el dinero de asociaciones prescindibles fuera a supervisión y renovación, el riesgo bajaría.
Hay hueco también para la profesionalidad. «Deben rodar cabezas», escribe alguien que escucha los audios y no encuentra a nadie que se sepa el procedimiento entero. Enfrente, una defensa del operador: el abrazo que le mandó un periodista, con el matiz de que ponerse en su piel no exime de responsabilidad.
Sigue la guerra de sexos y de edad de entregas anteriores, con un participante recordando que la orden inadecuada la dio un hombre. Y sigue la bronca sobre las filtraciones: hay quien sostiene que lo revelador no es el audio sino el recorte.
Qué cambia respecto a antes
El eje se mueve. La pregunta ya no es solo quién pronunció la orden, sino dónde está el dinero y por qué se cayó el sistema en varios puntos a la vez. Entra material nuevo: la comparación con Marruecos, el coste de la entrada de Iryo, la falta de personal y los controles a los controladores.
Lo que no cambia: nadie mueve su posición. Ni el desvío desaparece. Hay quien se enreda en si las cajas negras están destruidas y quien suelta lo de los frigoríficos hackeados. Un forero resume el ambiente: el problema es cuántas situaciones críticas se dan a la semana. Y otro lo lleva a la ruleta rusa, con seis balas en el tambor.