El PSOE y el factor 'mojabraguismo': el voto que no se explica con datos
El PSOE va a tener excelentes resultados en las próximas elecciones. No por la gestión, no por la economía, no por la vivienda. La tesis que recorre el análisis más cínico es que el motor es el
mojabraguismo y el matriarcado progre: un voto emocional, identitario y, sobre todo, movilizado. La idea, defendida con sorna en un foro de economía, sostiene que basta con pactar con Podemos, ERC y «algunos otros partidos» para llegar a 130 escaños, porque el discurso se orientará a lo más sencillo: PP y Vox no quieren vivienda asequible, son racistas y machistas, así que hay que votar a Sánchez. Y ya está.
La provocación tiene un fondo que no es nuevo: la política española lleva años funcionando por bloques estancos, no por trasvase de votos. Las elecciones no las ganan los indecisos, las gana quien moviliza a los suyos y desmoviliza al contrario. Con ese marco, el PSOE lo tiene relativamente fácil si no tensa la cuerda con su sector más radical, el que podría espantar al votante moderado.
¿Por qué se habla de 'mojabraguismo' y matriarcado progre?
El término, usado con retintín, describe un voto femenino supuestamente cautivo del PSOE por razones estéticas o emocionales. La afirmación más repetida es que «millones de mujeres» votan a Sánchez porque es alto y «guapo», incluidas votantes de derecha de toda la vida. Es una hipótesis sin datos, lanzada como provocación, pero que conecta con una discusión más seria: el peso del liderazgo personal frente al programa.
Hay quien recuerda que el factor «guapura» influyó en el pasado, con dirigentes como Albert Rivera o Pablo Casado, y que si no pasa nada especial ese factor seguiría contando. Pero la conclusión que se impone en el análisis es otra: las mujeres anteponen la cesta de la compra a la belleza. El PSOE perdería, según esta lectura, por la economía doméstica, no por el carisma. En Asturias, feudo socialista de varias generaciones, votantes históricos dicen que ya no le votan. El motivo no es el físico, es que no llegan a fin de mes.
El desgaste del Gobierno y el calendario electoral
El descontento con el Gobierno se acumula: amnistía, casos de corrupción y la gestión de Ceuta. Ese cóctel, según el análisis más extendido, pesa más que cualquier relato de género. La pregunta que flota es si habrá elecciones y cuándo. Hay quien espera a verlo «en el BOE con la tinta bien seca» antes de dar por hecho el adelanto. La única duda que se atribuye al presidente es si le compensa seguir en el cargo para hacer frente a sus causas judiciales.
La oposición no ayuda. El diagnóstico más repetido es que el PP tiene un candidato «lamentable», sin energía, y un equipo que se mimetiza con él. Feijóo es descrito como un señor con sabiduría pero invotable en una sociedad que castiga la edad. La crítica interna es feroz: «Se ve a un anciano sin energía». Y el PSOE lo aprovecha.
El voto por correo y la sombra del pucherazo
Una parte del análisis sostiene que la única opción real del PSOE es el voto por correo. «Da igual cuándo convoque», se afirma, porque no logrará mejor resultado que ahora si adelanta las elecciones. La sospecha del pucherazo recorre el debate, aunque no hay ninguna prueba aportada. Es una acusación recurrente que se lanza sin respaldo, y que conviene tratar como lo que es: una hipótesis sin verificar.
El escenario que se dibuja es de bloques: la izquierda no tiene a quién votar, según la crítica más dura, porque sus dirigentes «solo están ahí por la pasta y los viajes». Si no fuera por eso, Vox sería segunda fuerza. La abstención, y no el trasvase, decidirá.
La batalla por el relato: pensionistas, funcionarios y clase media
El eje del conflicto se plantea como una batalla por la supervivencia entre los que trabajan y los que no. «Pensionistas, funcionarios e IMV votarán sanchismo», se afirma. Es una simplificación, pero refleja una tensión real: la percepción de que el sistema protege a unos y exprime a otros. La clase media, según esta lectura, es la que paga la fiesta.
El cálculo que subyace es que hay más votantes dependientes del gasto público que contribuyentes netos, y que esa aritmética favorece a la izquierda. No es un dato verificado, es una tesis. Pero explica por qué el PSOE no necesita convencer a los indecisos: le basta con mantener movilizado a su electorado cautivo.
Con estos mimbres, la predicción más razonable es que el PSOE aguante o incluso mejore, no por el 'mojabraguismo' sino porque la oposición no articula un discurso programático mínimo. Todo lo que ofrece, según la crítica, es quitar a Sánchez para poner a otro. Y eso, en una sociedad polarizada, no basta. Queda por ver si el desgaste económico termina pesando más que el miedo al contrario. Los datos de la próxima cita lo dirán.