Insectos a la carta: la nueva firma de Roig que abrasa las redes
A la fecha de esta información, la única prueba sólida del lanzamiento es el ruido que ha generado. Una compañía vinculada al empresario Juan Roig, dueño de
Mercadona, prepararía el desembarco de unas barritas proteicas elaboradas con insectos. Las reacciones, en cualquier caso, se han adelantado al producto: hay quien exige que se paralice lo que considera un riesgo para la salud pública y quien lo despacha como una simple operación de márketing sin confirmar.
La seguridad alimentaria como campo de batalla
Los mensajes más contundentes piden que se active la alerta sanitaria antes incluso de que la barrita llegue a los estantes. En el lado opuesto, los filtros críticos recuerdan que la UE sujeta los insectos destinados al consumo humano a una autorización previa como nuevo alimento. Estas especies, una vez autorizadas, pueden producirse de forma segura; pero la pelea por el etiquetado y la transparencia sigue abierta, y la desconfianza no perdona.
El detalle del E-120: insectos que ya se comen
Una de las aportaciones más incómodas para el rechazo visceral la pone el colorante rojo carmesí E-120. Ese aditivo, que se emplea en yogures, refrescos y golosinas, procede de la cochinilla, un insecto triturado. Quien hoy se horroriza ante la idea de comer grillos probablemente ya ha ingerido cochinilla sin saberlo. La frontera entre lo apetecible y lo repugnante es, cuando menos, porosa.
Una marca con sospecha de humo
No todo es asco. Otra parte de los comentarios apunta a la autoría real del proyecto: «Roig no lanza nada», sostienen, y señalan a hipotéticos equipos de community managers de Mercadona detrás de la campaña. La falta de confirmación oficial alimenta la duda razonable: el producto aún no se ha visto en un lineal, y el nombre del empresario viaja en boca de todos sin desmentido ni acreditación.
El gran interrogante, por tanto, no es solo si la barrita sabrá bien: es si la empresa existe, si llegará a las tiendas y si el consumidor decidirá probarla. Mientras tanto, el mero rumor ha convertido a este insecto en el ingrediente mejor colocado para protagonizar la próxima polémica alimentaria.