Del vermut tras pasear al perro a los 32 millones de ociosos
El hilo arranca este tramo con una cifra redonda:
32 millones de ociosos. Un forero la suelta sin fuente y mete en el mismo saco a los funcionarios, a los que ya venía llamando «funcivagos». A partir de ahí, el debate se abre en tres frentes: los que defienden que trabajar es de primos, los que recuerdan que a las doce de la mañana hay turnos de tarde y festivos, y los que directamente pasan de la economía y se ponen a contar lo que hacen a esa hora.
Qué se ha sabido
El dato que más se repite es el del
SMI: un participante sostiene que en España trabajan más de
20 millones de personas, que el
40% cobra el SMI y que el
75% gana menos de 34.000 euros brutos al año. No acompaña enlace. Otro forero recuerda que el
9 de octubre es festivo en muchos sitios y que por eso hay más gente de lo normal en la calle. Y un tercero aporta una observación de largo plazo: desde
2020 ve tráfico a todas horas, aparcamientos de sierra casi llenos y restaurantes que ya piden reserva, cuando antes «lo único que podías ver era un rebeco o un oso». La fecha del festivo se cruza con otra experiencia: alguien cuenta que fue a Murcia en verano y no encontró a nadie por la calle a partir de las diez de la noche.
Dónde está la bronca
El choque de fondo es el de siempre, pero con un giro nuevo. Un bando sostiene que el sistema no incentiva nada: que trabajar hoy es ser «el primo de la historia», que los salarios son de
1990 con precios de
2026, y que muchos eligen jornadas parciales o turnos de noche porque han heredado y no necesitan más. La respuesta llega en forma de reproche: si no te gusta, hazte autónomo. Y otra intervención sube el tono y responsabiliza a la educación degradada durante décadas de que la gente no tenga herramientas para buscarse la vida.
La bronca se enreda cuando alguien pregunta qué es un «asesor laboral» y varios responden que ni idea, que debe ser «una empresa de trabajo temporal 2.0». De ahí se salta a los que viven de rentas: un forero dice que son ellos los que van al banco a ver si ya han cobrado. Y otro remata que lo mejor es heredar y casarse con alguien de tu misma condición, para que la familia política no te presione con eso de trabajar.
Hay un momento en que el hilo se parte entre los que discuten de economía y los que simplemente cuentan su mañana. Uno dice que a esa hora ya ha barrido media nave y que va a cambiar la escoba por un cepillo de jardín para aumentar la productividad. Otro responde que ha barrido la nave de arriba abajo. Y un tercero confiesa que a esa hora ya está tomando el vermut tras pasear al perro, pensando dónde comer, y suelta que la vida sin trabajar es un infierno. La ironía se le vuelve en contra cuando otro le espeta que qué hace a las doce en la calle en vez de trabajar.
También hay quien rectifica el marco entero: que si has salido a comprar una cosa, los demás también, y que no eres el único en el país que puede salir a las doce. Y quien recuerda que mucha gente rema de tarde o a turnos, así que la foto de la calle no dice nada.
Qué cambia respecto a antes
Lo que antes era una discusión sobre si la calle a mediodía mide el paro o mide los turnos, ahora se convierte en una discusión sobre los incentivos. La pregunta que sobrevuela el tramo ya no es cuánta gente no trabaja, sino para qué trabajar si heredas, si cobras el SMI o si el sistema te expolia. El festivo del
9 de octubre aparece como explicación puntual y se acepta sin más. Y entra un asunto nuevo: el de los que trabajan a tiempo parcial o de noche no por necesidad, sino por distracción, porque ya tienen lo suficiente. La predicción que se lanza es que cada vez más gente verá la farsa y dejará de cotizar. Nadie da plazo.