Partidos extraparlamentarios: el voto útil que nadie quiere
Un tuit de @Actualidad Noticias sostiene que un escaño en Ceuta puede decidirse por la división del voto entre PP, VOX y SALF, de modo que el PSOE se lo llevaría. Esa es la paradoja que sobrevuela el debate sobre partidos extraparlamentarios: cuanto más se fragmenta el voto, más rentable resulta para el adversario. Y sin embargo, hay quien sigue buscando la papeleta perfecta, esa que no traicione ni un ápice de su ideario.
La pregunta de qué partido extraparlamentario es mejor o más útil tiene tantas respuestas como sensibilidades. Para unos, el P-Lib es la única opción coherente:
libertad económica, recorte del gasto estatal y legalización de todas las drogas, siguiendo la estela de Antonio Escohotado y su
Historia General de las Drogas. Para otros, ese partido es poco menos que una curiosidad de laboratorio. La discusión derivó pronto hacia el flanco opuesto: Falange Española de las JONS, que según algunos es el único partido que nombra sin tapujos cuál es el problema principal de España. Un votante confesó haber apoyado a Escaños en Blanco en el pasado y ahora sopesa votar a FE de las JONS si logra las firmas necesarias por su circunscripción.
El problema de las firmas es recurrente. Nuevo Extremeñismo anunciaba una campaña para avalar sus candidaturas de cara al 29N, con puntos de recogida en Cáceres y Badajoz. La burocracia electoral se convierte así en el primer filtro para cualquier proyecto extraparlamentario: sin firmas, no hay papeleta. Y sin papeleta, el debate sobre utilidad se queda en el aire.
El tono general del intercambio osciló entre la ironía y el desencanto. Hubo quien defendió a PACMA como ejemplo de formación pacífica que podría rebajar la crispación en el parlamento, pese a su fundamentalismo ideológico. Y hubo quien, desde el escepticismo más radical, sentenció que
la abstención es lo único inteligente en este régimen. La respuesta no se hizo esperar: el abstencionista existe, y es un vanidoso con Dunning-Kruger. Una pulla que resume el clima: nadie se pone de acuerdo ni siquiera en si no votar es una opción legítima.
La discusión sobre el fascismo y el comunismo como movimientos colectivistas —
la misma merde, según uno de los intervinientes— añadió una capa de desprecio hacia los extremos. Mientras, el anuncio de Alvise de presentar candidato en Ceuta recordaba que la fragmentación no es teórica: es un escaño que se juega en un puñado de votos. La utilidad de un partido extraparlamentario, al final, depende de si su presencia resta o suma. Y en Ceuta, restar puede ser fatal.
¿Sirve de algo votar a un partido sin representación? La respuesta depende de qué se entienda por servir. Si el objetivo es influir en el reparto de escaños, el voto extraparlamentario es un lujo que puede costar caro. Si el objetivo es enviar una señal, la señal se pierde en el ruido. Y si el objetivo es no votar, siempre queda el consuelo de llamar vanidosos a los demás.