Francisco Llinares, el preparacionista que prometía vivir más de 100 años, muere a los 77
Francisco Llinares, referencia del preparacionismo español y de buena parte de la inversión avanzada en Bolsa, murió a los 77 años. La noticia se confirmó en el grupo de Telegram del divulgador, según relató un seguidor, y cayó como un jarro de agua fría entre quienes llevaban años siguiendo sus directos, sus libros y sus recetas cantadas. La paradoja es de las que escuecen: el hombre que sostenía que se podía estirar la vida más allá del siglo se fue «casi de repente», sin avisar, como todo el mundo.
El anuncio lo dio un seguidor que no daba crédito: «El rumor era cierto». A partir de ahí, el mensaje inicial —una despedida con retintín, de esas que solo se escriben cuando se ha querido de verdad a alguien— abrió la veda a una conversación que mezcla duelo, escepticismo y ajuste de cuentas con la propia doctrina del difunto.
Qué defendía Francisco Llinares y por qué generaba tanta devoción
Llinares se hizo un hueco predicando la autosuficiencia: agua destilada, dieta vegana, destiladores domésticos, filtros para el aljibe y una desconfianza casi religiosa hacia lo químico. Su obra sigue teniendo compradores y su canal de recetas cantadas, practicantes. Hay quien conserva el destilador que él recomendaba, aunque con matices: no para beber agua sin minerales —su tesis era que el cuerpo no los absorbe— sino para quitar microplásticos y añadirlos después a gusto.
Esa capacidad de arrastrar tenía su reverso. Los directos se volvieron, para una parte de la audiencia, «insufribles» por culpa de un puñado de intervinientes que todo lo enredaban. La crítica más repetida: demasiadas agarraderas, demasiada paciencia con quien solo iba a figurar. Aun así, se le reconoce el mérito de haber dado seguridad y compañía a gente que se sentía sola frente al fin del mundo tal y como lo conocemos.
¿Se puede culpar a la dieta de su muerte?
No. Nadie lo ha demostrado y el material disponible no lo sostiene. Lo que sí circula es la sospecha de que un cáncer extendido podría haberse tratado mejor con más medicina convencional y menos potingue. Es una hipótesis, no un hecho. La genética, recuerdan algunos, manda más de lo que queremos admitir: hay quien no se cuida ni el 10% y pasa de los 80 sin despeinarse.
El propio Llinares era reacio a lo químico, y esa coherencia ideológica pudo pesar en decisiones médicas que nunca sabremos. La lección incómoda es la de siempre: la longevidad no se negocia con un tarro de suplementos.
El preparacionismo y la muerte: una relación incómoda
Prepararse para el colapso y morirse van de la mano más de lo que el gremio admite. Hay quien sostiene que muchos preppers morirán antes de lo que creen, y no por falta de latas de conserva. El mensaje inicial lo dejó claro con retranca: «¡Qué manía tiene la gente de morirse!». La respuesta del respetable fue la esperada: un filete de vaca y una botella de vino a su salud, que la parca venga cuando quiera.
Queda la pregunta de fondo. Si el hombre que lo tenía todo calculado se fue a los 77, ¿de qué sirve el kit de supervivencia? Quizá de nada. O quizá de todo, si el objetivo no era vivir más, sino vivir con la sensación de tener el timón.