De 15 pesetas por un lobo a dos millones de multa: así cambió el precio de matarlo
En 1903, el Reglamento de 3 de julio fijaba una recompensa de
15 pesetas para quien diera muerte a un lobo. No era un delito: era un servicio a la comunidad que los ayuntamientos pagaban religiosamente. El artículo 69 de aquella norma, que desarrollaba la Ley de Caza, listaba las especies consideradas dañinas —lobos, zorros, aves de rapiña y gatos monteses— y establecía que «las personas que persigan y den muerte a los animales dañinos que a continuación se expresan, obtendrán los Ayuntamientos respectivos las siguientes recompensas». Cazar un depredador daba prestigio en el pueblo y un sobresueldo del Estado.
Hoy el mismo gesto se castiga con hasta
dos millones de euros de multa y penas de cárcel de hasta dos años. La caza del lobo ibérico está prohibida en todo el territorio nacional, y todos los cánidos al norte del Duero figuran en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (Lespre), lo que también sanciona su comercio, intercambio o captura con fines de venta.
Cuánto cuesta hoy matar un lobo en España
El régimen sancionador distingue por el beneficio obtenido. Si el infractor supera los
100.000 euros de ganancia, la infracción es muy grave: entre 200.001 y dos millones de euros, sin perjuicio de que cada autonomía eleve la cifra. Por debajo de ese umbral, la infracción es grave y la horquilla baja a entre 3.001 y 200.000 euros. La cuantía final depende de la gravedad del hecho.
A la vía administrativa se suma la penal. El artículo 334 del Código Penal prevé de seis meses a dos años de prisión, o multa de ocho a 24 meses, más inhabilitación para el oficio y para el derecho a cazar o pescar durante cuatro años. Se aplica a quien cace, pesque, adquiera, posea o destruya especies protegidas, trafique con ellas o altere gravemente sus hábitats. Y con independencia de la sanción, el infractor debe reparar el daño o indemnizar los perjuicios conforme a la Ley de Responsabilidad Medioambiental.
El modelo australiano: recompensas que siguen vivas
No es un esquema extinguido. Según un participante del debate, en Australia, entre marzo y junio hay programas de recompensas por matar zorros —
14 dólares por cada piel— y también por perros salvajes y cerdos ferales. La diferencia es que allí el zorro es especie invasora, introducida para intentar acabar con los conejos, que a su vez se habían introducido antes y causaron un desastre ecológico con extinción de especies autóctonas. El criterio no es el animal, sino su origen.El negocio del futuro: pagar por cazar
La caza como fuente de ingresos tiene fecha de caducidad. El relevo generacional no llega y la actividad se convertirá en gasto: alguien tendrá que pagar por controlar la superpoblación de jabalíes y otras especies. La hipótesis que circula es un cuerpo de funcionarios o profesionales cobrando por lo que antes hacía un voluntario con escopeta. El negocio cambia de manos, no desaparece.La asimetría penal que indigna
Con multas de dos millones, hay quien sostiene que el incentivo real es otro: que el infractor acorralado opte por disparar al agente que intenta sancionarle. El cálculo es frío. Matar a una persona sale, sobre el papel, más barato que matar a un lobo. La norma protege con más celo al cánido que al guardia.
El dato que descoloca no está en el Código Penal. Está en que hace un siglo el Estado pagaba por hacer lo que hoy manda a prisión. La misma acción, el mismo animal, dos tablas de precios opuestas.