PP y VOX: el paquete laboral que se cocina lejos del foco
El arranque de la conversación no deja lugar a dudas: frente a los grandes males del país, la propuesta que se atribuye al PP pasa por que
las bajas laborales las concedan las propias empresas, mientras que la de VOX apunta directamente a las pensiones. Los dos juntos, según esta lectura, empujan en la misma dirección: revertir derechos laborales consolidados, frenar la reducción de jornada —con la sospecha de que algunos la acabarían ampliando— y cuestionar el salario mínimo interprofesional. El argumento que se esgrime es que el SMI no puede ser arbitrario por su efecto directo sobre la inflación, aunque se concede que un mínimo existe por justicia social: sin él,
los patrones poceros pagarían con cacahuetes. En la lista negra entra también la eliminación del fichaje de entrada y salida al trabajo. Y una pregunta flota sin respuesta: ¿y la tasa de autónomos?
El absentismo y el negocio de las bajas
El punto más desarrollado es el de las bajas. Se sostiene que la propuesta es una canallada, y para argumentarlo se tira de comparación: existen mutuas propias de funcionarios —MUFACE, ISFAS y MUGEJU— sostenidas con acuerdos públicos, que dan altas y bajas a sus afiliados
sin auditorías públicas y sin que la sanidad pública pueda decir nada. El corolario es incómodo: el mayor absentismo laboral se da precisamente en el sector público, no en el privado, y sin vigilancia ni control. Con ese punto de partida, entregar la gestión de las bajas al empresario privado deja de parecer una ocurrencia y empieza a leerse como un trasvase de poder.
Pensiones: el único punto donde hay grietas en el relato
Aquí el tono cambia. El sistema público de pensiones se mantiene teóricamente con las contribuciones actuales de los trabajadores de hoy, pero lleva décadas con déficit y continuas aportaciones de otras partidas, recaudadas de otros impuestos, sin equilibrarse y con una deuda que va a más. Quien defiende los planes privados como alternativa tiene, sobre el papel, un argumento que no se desmonta con eslóganes. El problema es que la discusión se corta justo donde empieza a ser interesante: qué pasa con quienes no pueden cotizar lo suficiente para un plan privado.
La oposición que no oposición
Hay una corriente que no discute el fondo sino la forma. La derecha no hace oposición y monta malas campañas electorales, se dice: dispone de una larga lista de temas para desgastar al gobierno y es incapaz de lograrlo. La receta que se propone es simple y brutal: campaña monotemática, ataque continuo a las políticas del ejecutivo, sin entrar al debate que plantee el adversario. Todos conocen la incompetencia de la oposición de derechas, y de nuevo irían en esa dirección.
El voto útil y el voto cabreado
En el plano personal, el abanico es amplio. Está quien lleva ocho años de lo que llama invasión y ya no aguanta más: dará una oportunidad a VOX y, si hubiera representación útil más a la derecha, ahí iría su voto. Está quien votaría a VOX aunque su líder saliera en directo comiendo bebés recién bautizados, porque es lo que hacen los de enfrente haga lo que haga su líder. Y está quien sentencia que cualquier mierda es mejor antes que el PSOE. Enfrente, la advertencia de que ocho años habéis tenido, más contando con los de Zapatero.
El cálculo completo, con el desglose de cada partida y el efecto sobre la nómina, es lo que queda fuera de estas líneas. Ahí es donde el asunto deja de ser consigna y empieza a ser dinero.