El hilo se atasca: construir, expulsar o las dos cosas a la vez
La discusión se encona. Nadie se mueve de su sitio. Unos piden construir y cerrar fronteras a la vez. Otros avisan de que sin tocar la demanda el ladrillo no arregla nada. Y en medio, un cálculo que nadie rebate: si se expulsa a millones de golpe, la economía se resiente.
Qué se ha sabido
El tramo arranca con una propuesta que se repite en varios mensajes:
construir vivienda accesible para jóvenes y trabajadores españoles, cerrar las fronteras y deportar a varios millones de extranjeros. La fórmula se copia y se pega con variantes. Uno la resume así:
«Se prohibe la adquisicion de propiedades inmobiliarias a extranjeros y sociedades de inversion», remigración y cierre de fronteras.
Entra un dato que nadie discute:
entre 2006 y 2007 se construía más que en Alemania y Francia juntas. Y aun así los precios subieron. La explicación que da quien lo trae es que se compraba para especular. Lo llama
«pasapiserismo».
Otro participante echa cuentas: la construcción lleva
casi 18 años parada y en ese tiempo han entrado
10 millones de personas. Su conclusión es que la premisa de que construir atrae a más gente es falsa.
Y aparece un cálculo incómodo: si se expulsa a millones de migrantes sin cambiar nada más,
muchas empresas se volverían inviables, habría quiebras en cadena y un golpe económico de tres pares de cojones durante unos años. Lo dice alguien que se declara no partidario de lo que llama el desmadre actual.
Dónde está la bronca
El hilo se parte en tres. Un bloque repite que primero se limpia la casa y luego se ve qué vivienda hace falta.
«Hacer ahora y que bajen los precios es un imán para subhumanos», suelta uno. Otro avisa de que los migrantes acapararían toda la vivienda social,
«como ya está pasando con la poca que hay».
El segundo bloque responde que hay que hacer las dos cosas a la vez.
«CONSTRUIR + IMPERMEABILIZAR FRONTERAS. UNA COSA SIN LA OTRA NO SIRVE», escribe uno. Otro lo desarrolla: aumentar la oferta —construir, liberar suelo, reducir burocracia, desahucio inmediato— y reducir la demanda —bloquear la ilegalidad, cortar subsidios, desincentivar la inmigración no cualificada—. Lo llama
falacia de falsa dualidad.
El tercer bloque es el que más ruido hace. Sostiene que construir más sin tocar la especulación no baja nada.
«Si se construye más sin acabar con la especulación, los precios seguirán subiendo», sentencia uno que recuerda el boom. Otro añade que si se construye mucho, los pisos los comprarán
«o gente que ya tiene propiedades o fondos de inversion», y el problema seguirá igual.
La bronca se calienta cuando alguien dice que en España sobraban millones de viviendas desde el boom y que han sido absorbidas por
20 millones de inmigrantes. Le responden que muchas estaban sin acabar y que de ahí quebraron cajas. El intercambio sube de tono. Hay descalificaciones personales por los dos lados. Uno acusa al foro de estar
«infectado de perfiles falsos». Otro responde que el otro no sabe ni escribir.
En medio, una pregunta que nadie contesta del todo:
«Si construyes mucho, vienen muchos, pero si no construyes vienen pocos? Es así?».
Qué cambia respecto a antes
Lo que antes era una pelea entre construir y expulsar ahora se convierte en una pelea entre construir y expulsar
a la vez o solo una de las dos. La propuesta de hacer las dos cosas gana terreno en los mensajes. También entra con fuerza el argumento de que el problema no es solo cuánta vivienda hay, sino quién la compra: fondos de inversión, extranjeros con dinero, propietarios que ya tienen otras.
Y aparece un asunto nuevo: el coste económico de expulsar. Hasta ahora nadie había puesto precio a la deportación masiva. Ahora sí.
Quiebras en cadena y un golpe económico durante unos años, según un participante. No es un dato, es una opinión, pero nadie la rebate.
La predicción que se impone es la de siempre, pero más dura:
«Olvidaos de que la cosa mejore pronto, no va a pasar». Y otra que cierra el tramo:
«La realidad es que los extranjeros van a continuar llegando, la vivienda va a continuar subiendo y los nativos cada vez seremos menos».
Un cálculo que nadie discute
Alguien echa números sobre la expulsión. No da cifras exactas, pero describe el mecanismo: si se expulsa a millones de golpe sin cambiar nada más,
muchas empresas se vuelven inviables, quiebran en cadena y la hostia se siente durante unos años. Luego, dice, las cosas podrían mejorar. Pero de entrada, el golpe es fuerte. Nadie le responde con otro cálculo. Solo con silencio.