Petróleo a 107 dólares y subiendo: el barril que ya no baja
El barril de Brent cotiza por encima de los 107 dólares y la escalada no se detiene. En apenas unas jornadas ha pasado de moverse en el entorno de los 70 a perforar los 110 y coquetear con los 116, según los registros que se manejan en el mercado. No es una racha cualquiera: cada diez dólares de más en el crudo se traducen, tarde o temprano, en surtidor, en factura eléctrica y en la cesta de la compra. Y aquí nadie se pone de acuerdo sobre cuánto de lo que pagamos es
petróleo y cuánto es impuesto.
El cálculo que rebaja el precio a un tercio
La tesis más repetida es que el crudo, por sí solo, no explica lo que cuesta llenar el depósito. Si se descontaran los conflictos abiertos —las guerras de Irán y Ucrania, los bombardeos sobre refinerías— y se sumara el exceso de oferta que inundaba los mercados antes del último estallido, el barril volvería a los 50 dólares, según un cálculo que circula. Incluso por debajo: se llegó a hablar de 60 dólares antes de que el tablero geopolítico se complicara.
La cuenta sigue. A ese petróleo barato habría que quitarle la carga fiscal que soporta el carburante en España. Con ambas correcciones, el litro de gasolina podría quedarse en torno a
30 céntimos. Es la cifra que circula y que, puesta en un surtidor real, suena a ciencia ficción. El desglose completo, partida a partida, es lo que convierte la discusión en algo más que una pataleta de conductor.
¿Por qué el petróleo sube aunque haya oferta de sobra?
Porque el precio no lo fija solo el barril disponible, sino el miedo a que deje de estarlo. Los focos de conflicto y los ataques a infraestructura refinera meten una prima de riesgo que se paga en cada operación. Quien sostiene que el crudo debería valer la mitad apunta a esa prima como responsable del grueso del encarecimiento.
El mercado, mientras, hace su propio juego. Hay posiciones largas abiertas desde los 70 dólares que ahora se miran con satisfacción. Y hay quien considera que
107 dólares es incluso poco para el panorama que se dibuja. Cuando el precio supera los 110, la conversación cambia de tono: se habla abiertamente de asomarse al abismo.
Del surtidor a la bicicleta: la respuesta ciudadana
La reacción inmediata no es un cambio de matriz energética, es una bomba de aire. Se inflan ruedas, se engrasan cadenas y se recupera la bicicleta como medio de transporte por pura aritmética. El chiste recurrente es que aquí se presume de conciencia ecológica mientras el bolsillo decide lo que la ideología no logró.
También hay quien mira al coche eléctrico como refugio. La ironía es fina: los beneficios de la escalada del crudo financiarían la compra del vehículo que deja de depender de él. Y en las terrazas, llenas un sábado cualquiera, la queja por el precio del combustible convive con la comanda sin complejos. La contradicción, como siempre, la paga el mismo bolsillo.
Con el barril en estos niveles, la pregunta ya no es si llegará a la gasolinera, sino cuándo. La previsión más extendida apunta a que un nuevo salto por encima de los 110 consolidaría la tendencia. Nada garantiza que la corrección llegue antes.