Trasteros de 5 m² por 300 €: el hilo se rompe entre «es el socialismo» y «no hay planificación»
El hilo arranca con un vídeo de YouTube sobre los trasteros de 5 m² por 300 € al mes en Madrid.
A partir de ahí, 40 mensajes en un solo día. Unos culpan al Gobierno, otros a la falta de planificación, y varios cuentan que ya conocían casos antes de que esto saliera en los medios.
Qué se ha sabido
El vídeo que abre el tramo muestra los trasteros. Un participante dice que
ya conocía gente viviendo en trasteros en Alcorcón, «y varios», y sospecha que el fenómeno viene de antes. Otro aporta su propio recibo:
275 euros por un piso de 90 m² con ascensor en una ciudad de 60.000 habitantes hace seis años. Un tercero recuerda que en la periferia de Valencia, en lo más profundo de la crisis, se alquilaba por 300 euros; hoy, por menos de 1.000, dice, solo hay bajos deteriorados o rellanos con vecinos toxicómanos. También se pega un tuit:
Y un segundo vídeo de YouTube,
, que se comenta de pasada. Alguien recuerda que
es ilegal vivir en un trastero y que, si se permite, las autoridades estarían prevaricando. Otro forero dice que abrió un hilo sobre esto en su momento y que muchos no le creyeron.
Dónde está la bronca
El hilo se parte en dos. Por un lado, los que sostienen que el problema lo ha creado un Gobierno y lo resolverá otro: «Este problema lo ha creado Pedro Sánchez Presidente, pero lo va a solucionar Pedro Sánchez Candidato. No son la misma persona», escribe uno. En la misma línea, otro afirma que «el PSOE ama tanto a los pobres que los multiplica» y cita a Alfonso Guerra. Frente a ellos, los que niegan que esto sea socialismo: «¿ves planificación estatal por algún sitio? ¿las empresas como propiedad colectiva?», pregunta uno. Otro responde con una lista: sanidad, educación, transporte, infraestructuras, industria, vivienda pública. «¿Planificación? La que quieras», zanja. Un tercero interviene para decir que hay «intervencionismo» y menciona los decretos de vivienda y el tope de precios, con Barcelona como ejemplo de ciudad con poca oferta de alquiler de larga duración. La discusión deriva hacia si esto es una distopía liberalcapitalista o un socialismo mal aplicado. Alguien sentencia: «Algunos se pensaban que el socialismo era una broma». Y otro responde que, viva donde viva, siempre le echarán la culpa al socialismo. El tono sube. Un participante pide ver «Verdadera Miseria», «Hambre», «muertos por las calles». No se reproduce. Otro responde que eso es precisamente lo que dice la distopía liberalcapitalista. La bronca no se cierra.
Qué cambia respecto a antes
Hasta ahora el debate era sobre cifras: 100.000 viviendas frente a 1.200.000 aspirantes. Aquí entra el vídeo y la cosa se vuelve tangible. Aparecen casos concretos: Alcorcón, Valencia, un piso de 90 m² por 275 euros. Y entra un asunto nuevo: la legalidad. Si vivir en un trastero es ilegal, ¿quién lo permite? Un forero lo dice claro: «Si se permite, es que las autoridades están prevaricando». También entra la comparación con Japón y con Hong Kong, y la pregunta de siempre: ¿por qué no se van a un pueblo? Un participante responde que muchos no tienen ingresos salvo el IMV y ayudas, y que en pueblos semiabandonados vivirían mejor. Otro contraataca: «Hay gente que no acepta el fracaso propio; para la masa, vivir en la ciudad es un triunfo frente al pueblo». Y cuenta su plan: cuando se jubile, alquila su casa de Madrid y se va al norte. Alguien más recuerda que en Reino Unido esto lleva décadas pasando. El hilo sigue sin resolverse.
Un cálculo que aparece
Un forero echa cuentas: si en España se terminan 100.000 viviendas al año y hay 1.200.000 aspirantes a cama, el déficit supera el millón. Eso, dice, se traduce en precio. Y en trasteros. Otro añade que
50 millones de habitantes no son ninguna broma y que el control de fronteras es parte del control de la población. La conversación salta a los Simpson, a los domos geodésicos y a si esto es Japón o Blade Runner. Alguien cierra: «Hay que reírse, pero esto es más indigno que las chabolas que había en Madrid. A esta señora no va a ayudarla nadie».