Sánchez y Tusk chocan por la inmigración ante un Costa que tuvo que mediar
El Consejo Europeo de Bruselas dejó una escena poco habitual: dos jefes de Gobierno elevando el tono hasta obligar al presidente del Consejo, el portugués António Costa, a intervenir para que la reunión no descarrilara. El enfrentamiento entre Pedro Sánchez y el primer ministro polaco, Donald Tusk, giró en torno a la inmigración y, según la prensa polaca, llegó a un punto de «lenguaje verdaderamente poco cortés», eufemismo diplomático para los insultos. Tusk llegó a abandonar la sala y Costa tuvo que pedirle que regresara: sin él, los trabajos no podían continuar.
El motivo del roce no era menor. Polonia, junto a Dinamarca e Italia, impulsaba un endurecimiento del documento de conclusiones sobre inmigración ilegal. La mayoría de líderes respaldaba esa línea, pero se topó con la oposición de Sánchez, apoyado por Emmanuel Macron y el luxemburgués Luc Frieden. La formulación dura no salió adelante y la discusión alargó la reunión más de lo previsto.
Qué defendía cada uno en el pulso migratorio
Sánchez abogó por la regularización de cientos de miles de inmigrantes indocumentados. Su argumento: normalizar su estatus facilita la integración, protege los derechos de los trabajadores y permite un mejor control de la situación. Tusk le contestó que «este es un enfoque equivocado» y que las soluciones españolas ponen en riesgo la seguridad de toda Europa, porque fomentan los cruces fronterizos ilegales con consecuencias para otros Estados miembros.
El primer ministro polaco, de la familia del Partido Popular y expresidente del Consejo Europeo, defiende una protección rigurosa de las fronteras exteriores, combatir la migración ilegal, deportar a los extranjeros que infrinjan la ley y aplicar una política de asilo restrictiva. Ya lo había dicho durante la crisis de Ceuta: «España debe aplicar nuestra política migratoria si queremos que Schengen sobreviva».
Por qué Tusk filtró el choque con Sánchez
La filtración no es inocente. Varsovia quiere demostrar que no está aislada en la cuestión migratoria y que las peticiones de mano dura ganan respaldo entre los gobiernos europeos. El viceministro polaco del Interior, Maciej Duszczyk, lo resumió así: «prácticamente todos los Estados miembros comparten la orientación propuesta por estos tres países. Todavía tenemos que convencer a nuestros amigos de España y Francia».
La lectura de fondo es clara: el eje Madrid-París queda como minoría en un asunto que Bruselas lleva años sin resolver. La reunión se cerró sin la formulación dura que pedían Polonia, Dinamarca e Italia. Y sin acuerdo sobre cómo gestionar el control de fronteras.
El pulso migratorio europeo sigue abierto. Sánchez mantiene su apuesta por la regularización; Tusk, por la frontera dura. Costa, de momento, ejerce de bombero.