Sánchez sopesa incluir a Begoña Gómez en las listas electorales
La noticia no es que Pedro Sánchez piense en su mujer para una candidatura. La noticia es para qué. Incluir a Begoña Gómez en las listas electorales la colocaría bajo el paraguas del aforamiento y trasladaría cualquier causa pendiente al Tribunal Supremo, un tribunal que, según el relato que circula, tiene poca faena y mucha prisa. La información la lanzó el periodista Ángel Expósito en el programa
La Linterna de COPE, que atribuye a Sánchez la intención de dar el paso. A partir de ahí, el runrún.
Qué implica meter a Begoña Gómez en una lista electoral
El aforamiento no es un privilegio decorativo. Un diputado electo pasa a ser juzgado por la Sala correspondiente del Tribunal Supremo, con un procedimiento distinto y, en la práctica, más lento y más opaco que un juzgado ordinario. La sospecha que recorre el análisis es que la jugada busca exactamente eso: ganar tiempo, cambiar de tribunal y blindar el caso. Hay quien lo ve como una maniobra defensiva legítima dentro de un sistema que permite hacerlo. Hay quien lo ve como una forma elegante de reírse del personal.
El detalle que descoloca es el cálculo electoral. Para que el aforamiento funcione, Begoña Gómez tendría que ir lo bastante alto en la lista como para salir elegida. No basta con figurar. Y ahí entra la aritmética: cuántos votos necesita el PSOE en cada circunscripción para que un nombre colocado en un puesto concreto entre en el Congreso. Ese cálculo, desglosado escaño a escaño, es el que convierte una decisión política en un problema matemático.
El Supremo, ese tribunal con poca faena
La ironía más repetida es la del tribunal. Si el objetivo es esquivar un jurado popular, el Supremo aparece como el destino deseado: un órgano con menos carga de trabajo que un juzgado de instrucción y con una doctrina que, según se argumenta, permitiría condenar sin necesidad de pruebas. Es una exageración, claro. Pero la exageración tiene un fondo real: el aforamiento cambia las reglas del juego y quien lo activa suele saberlo.
Frente a esa lectura, la contraria: el Supremo también puede condenar. El aforamiento no es una amnistía. Es un cambio de sede. Y un cambio de sede, en un caso mediático, puede salir mal. La apuesta, por tanto, no es segura. Es una apuesta.
La respuesta del personal: del chiste al «que lo haga»
El tono general va del sarcasmo al cabreo. Hay quien promete votar al PSOE solo por el atrevimiento, como quien aplaude al trilero por la elegancia del juego. Hay quien pregunta qué pasa si pierden las elecciones: la respuesta más repetida es que siempre queda República Dominicana, un chiste que resume la sensación de que aquí no pasa nada nunca. Y hay quien va más lejos y sostiene que la solución no puede ser democrática, una salida que conviene leer como lo que es: un exabrupto de barra de bar, no un programa.
La comparación con Zapatero y sus hijas aparece como termómetro de la supuesta escalada. Si antes no se hizo, ¿por qué ahora? La respuesta que se da es que la necesidad aprieta. Y la necesidad, en política, tiene mala prensa.
Qué pasa si el PSOE pierde las elecciones
Es la pregunta que nadie responde con datos. Si Begoña Gómez entra en el Congreso, el aforamiento se activa con el acta. Si no entra, no hay aforamiento y el caso vuelve al juzgado de siempre. Si el PSOE pierde y ella no sale elegida, la jugada se queda en nada. Si sale elegida y el PSOE pierde, el aforamiento se mantiene igual: el escaño es personal, no del partido. Esa es la parte que conviene tener clara antes de comprar el relato de que esto es un máster en cinismo.
El cierre, con reservas: si la maniobra se confirma, lo más probable es que el debate se traslade del qué al cómo. No se discutirá si es legítimo, sino si es listo. Y ahí, la predicción es que el PSOE gane o pierda la batalla del relato, pero pierda la de la ejemplaridad. Aunque, a estas alturas, la ejemplaridad hace tiempo que dejó de cotizar.