Sánchez no pisa Ceuta y el Rey sí se queda a dormir
Pedro Sánchez no tiene previsto visitar Ceuta. La visita institucional a la ciudad autónoma la ha cubierto Felipe VI, que según los mensajes del debate se queda a dormir en la ciudad, mientras el presidente del Gobierno no tiene previsto pisarla. Una vecina dijo que quieren recibirle y no precisamente con palmas.
La conversación que ha generado el desplazamiento real arranca con un dato que se repite: el monarca ha pasado por Ceuta sin incidencias, con un despliegue de seguridad que algunos cifran en
1.500 escoltas —la Casa Real sostiene que son voluntarios que no cobran— y con la intención declarada de pernoctar. La lectura que se hace desde la calle es doble: por un lado, se interpreta como un mensaje de normalidad; por otro, hay quien lo ve como una forma de escenificar que no hay peligro.
Cuánto cuesta la visita y quién la paga
El coste de la Corona vuelve a la mesa. En el material se maneja la cifra de
700-800 millones de euros al año de gasto asociado a la institución, una cantidad que se compara con el bote máximo del Euromillones —
250 millones— para ilustrar su magnitud: ni con el mayor premio de la lotería europea se cubrirían unos meses de esa factura. La comparación es tosca, pero funciona como gancho para discutir la partida presupuestaria.
La pregunta que sobrevuela es por qué el presidente del Gobierno no acompaña al jefe del Estado en una visita a una ciudad que está en el centro del debate territorial. Hay quien sostiene que la ausencia es deliberada, para no exponerse a un recibimiento hostil. Otros apuntan que la agenda institucional se reparte y que no hay obligación de coincidir.
El recibimiento que Ceuta tenía preparado
Una vecina de Ceuta resumió el ambiente en una declaración recogida por
Periodista Digital: «Que venga, lo vamos a recibir como se merece». La frase se ha convertido en el resumen de un malestar que no es nuevo y que mezcla la política migratoria, la gestión de fronteras y la sensación de abandono institucional.
En el trasfondo aparece Marruecos. Una parte del análisis sostiene que la política exterior del Gobierno ha sido demasiado complaciente con Rabat; otra responde que la cooperación es imprescindible y que romperla tendría costes económicos y de seguridad. El reproche de «regalar Ceuta» circula por redes, pero no tiene respaldo documental: es una hipérbole política, no un hecho.
Quién se queda con el relato de la seguridad
El despliegue de escoltas se ha convertido en el símbolo de la visita. Si son voluntarios que no cobran, como dice la Casa Real, el coste marginal es bajo; si son agentes movilizados, la factura la pagan las arcas públicas. El dato exacto no está cerrado en la información disponible.
Lo que sí está claro es que la visita se ha vendido como una demostración de normalidad. Y que la ausencia de Sánchez deja esa normalidad en manos de la Corona, no del Ejecutivo. Una paradoja que, a la fecha de esta discusión, nadie ha resuelto.
Con estos mimbres, lo previsible es que la visita real se cierre sin incidentes y que la ausencia de Sánchez siga alimentando el relato de que Ceuta no es prioridad. Pero conviene no apostar: en política territorial, lo que hoy parece un gesto menor mañana se convierte en símbolo.